La leyenda inagotable de Muhammad Ali

Oro olímpico y tres veces campeón del mundo de los pesos pesados, Cassius Clay, luego Muhammad Ali, y al final simplemente Ali, es un mito que no deja de agigantarse


redacción / la voz

«Se enfrentó a todo, desde Sonny Liston a la guerra de Vietnam, desde la hostilidad de los consejos de reclutamiento viejos y blancos hasta la amenaza pura y auténtica de Joe Frazier... y ha vencido a cada persona que se ha cruzado en su camino». Lo escribió Hunter S. Thompson y lo recuerda Davis Miller en un pasaje de En busca de Muhammad Ali. Historia de una amistad.

Oro olímpico y tres veces campeón del mundo de los pesos pesados, Cassius Clay, luego Muhammad Ali, y al final simplemente Ali, es un mito que no deja de agigantarse. Y Miller, escritor y periodista deportivo, ha consagrado su vida a estudiar este icono:

-Los hay que estudian las fallas de la corteza terrestre, los patrones de las tormentas o las galaxias, confiando en comprender el universo, el mundo en el que vivimos, su propia existencia. Otros reflexionan sobre la vida y la obra de un movimiento social o una persona. Desde los once años, yo he sido un estudioso de Muhammad Ali.

Este libro va de eso. No es una biografía al uso. Es la crónica de la aproximación de Miller a su ídolo y, simultáneamente, el relato de cómo el párkinson iba consumiendo a un campeón ya retirado que siempre tenía abiertas las puertas para sus fans, a los que dejaba boquiabiertos con sus bromas, sus trucos de magia y los amagos de su legendario jab.

Todo empezó en 1988. Miller pasa por la casa de la madre de Ali en Louisville. Ve una caravana Winnebago aparcada en el jardín y llama a la puerta. Abre Rahmna, hermano de Ali, que sonríe y lo remite a la caravana:

-Está fuera, en la Winnebago. Vé y llama a la puerta.

Esa noche, Miller cena con Ali y su familia y nace su amistad. Una proximidad que le permite compartir momentos únicos, como cuando se sientan en el sofá a ver el combate entre el Campeón (así lo llama siempre el cronista) y Chuck Wepner. Ali contempla en silencio los tres primeros asaltos, hasta que suelta:

-Se me olvida lo bueno que era, lo que era capaz de hacer.

O como cuando recuerda su pelea con Frazier, a 46 grados, en octubre de 1975 en Manila:

-Era como la muerte. Lo más cerca de morir que he estado.

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