Un pulso táctico con sabor celeste

Berizzo planteó una segunda parte a tumba abierta a la que Garitano no pudo contestar


vigo / la voz

Mientras el partido se condensó en los sesenta metros que unen un área y la otra, las pizarras mantuvieron un duelo equilibrado. Pero cuando abarcó las zonas decisivas, dobló la mano a Garitano, que salió malparado. El vasco buscó estrenar la cuenta de goles a domicilio desde un 4-4-2 con dos delanteros que dificultaban la salida del balón céltico. Sin embargo, la ausencia de Çolak, su jugador más imprevisible, convirtió al Dépor de inicio en un equipo de futbolín, con tres barras casi estáticas, de tan pendientes que sus jugadores estaban de mantener la posición asignada, antes que a responder al dinamismo local.

La situación se corrigió al cuarto de hora. Guilherme dio varios pasos atrás, casi como si de un tercer central se tratase, y se emparejó con Tucu en los saques largos de Sergio, mientras Mosquera se quedó junto a Fayçal y Bruno Gama en una suerte de 4-1-3-2 que maniató al Celta hasta el descanso. Garitano gozaba el derbi. Se pasó de pie todo este período y hasta parecía querer saltar al campo, así vestido de americana al viento, cuando reclamaba a sus futbolistas presionar al Celta en su propio campo.

A balón parado

Berizzo jugaba al despiste. Iba de chándal y, aunque insistía en el paseo por su área técnica al estilo de su mentor Bielsa, tiraba de flema: indicaciones medidas y pocos aspavientos. El Celta se alineó en un 4-2-1-3 de mil y un futbolistas por delante del balón. Por eso, cuando los vigueses lo perdían, los coruñeses tocaban a rebato, pero pocas veces sacaron provecho. Avanzaban hasta el mediocampo local y ahí lo mejor que les podía ocurrir fue caer una y otra vez en falta. A balón parado llegó el gol de Albentosa, el primero lejos de Riazor. Y el partido, atragantado, adquiría un tono blanquiazul.

El Celta volvió a tomar ventaja en la jugada clave del partido. Solo entonces pudo por fin soltarse de las riendas del Dépor y devolver la pelota a las áreas, donde acabó por adquirir un premio excesivo, pues acabó por quedarse sin adversario. Ni Babel, volcado a la derecha cuando Bruno Gama se marchó al banquillo, ni después Marlos, que salió a la espalda de Orellana, dieron contestación al descaro celeste. El partido ya era una especie de correcalles del que los coruñeses dimitieron. El Dépor murió casi sin respuesta frente a un eterno rival desatado.

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