Lección maestra a un aprendiz

carmen garcía de burgos PONTEVEDRA / LA VOZ

DEPORTES

RAMON LEIRO

El Pontevedra se luce ante un Mutilvera recién ascendido que suspiraba por un empate

28 ago 2016 . Actualizado a las 22:20 h.

Ni un minuto de tregua le dio al Pontevedra al Mutilvera. El equipo recién ascendido no despertó ni un ápice de misericordia a una plantilla granate a la que, sin embargo, le rehuía el gol. Lo intentó de todas las maneras posibles: en juego, a balón parado, con balones que se desvían por centímetros de su objetivo y con paradas del portero rival. Cuarenta segundos después de que el árbitro pitase el inicio del partido, Abel lanzaba la primera advertencia a los navarros. No llegó a entrar el balón en la portería de Deprados, pero sí sirvió para dar vida a una primera parte que dio más gustos a la afición que a la propia plantilla pontevedresa.

El Mutilvera comprendió el mensaje, se hizo rápidamente una composición de lugar y se dio cuenta de que lo mejor que podría ocurrirles es salir de Pasarón con un punto. Los pitidos al guardameta por su parsimonia en los saques comenzaron en el minuto 11 y no cesaron en todo el partido. Seis después Abel volvía a atacar aprovechando un error de Yasir que cae en las botas de Añón. Fue precisamente una falta de Rubén sobre el delantero coruñés la que permitió a Bonilla ilusionar con un primer gol a los alrededor de dos millares de aficionados que vencieron la tentación de pasar el último domingo de agosto para aguantar solana y calor en Pasarón. Fue un disparo sin peros, con efecto y una clara intención de conseguir una rosca, que terminó ligeramente a la izquierda de lo que debería. Y fue también Añón quien, a 16 minutos del final de la primera parte obligó a Deprados a ejercitarse en lo suyo y parar el balón que pretendía acabar con las pretensiones navarras de salir indemne del estadio pontevedrés.

No contentos con ello, y aprovechando que el cuero pasó prácticamente toda la primera parte en el área visitante, Abel hizo un pase a Mario que, de haber llegado, habría hecho avanzar al fin, y merecidamente, el marcador. Pero el descanso dejó a los locales con hambre de justicia, y con ella tuvieron que refrescarse antes de volver a salir al césped.

RAMON LEIRO

Y así, y semicontagiados de los navarros, ralentizaron los primeros cuatro minutos del segundo tiempo ambos equipos a base de faltas y tarjetas amarillas. En un intento de dar ritmo al juego y, de paso, dar vida al cuadro granate, Luisito llamó a Iker Alegre, combinado con el as que tenía guardado en la manga, explotó en Pasarón. Mateu Ferrer salió al campo y tardo seis minutos en hacerse con el balón en plena área rival, recorrérsela de un lado a otro y habilitársela a Iker. Y este, en una muestra de generosidad y a pesar de poder lanzarla él mismo, se la centró a un Mario Barco que lanzó un tiro soberbio. 

Explosión en la marea granate

Acabó como no podía ser de otra forma: en gol. Igual que el saque del se encargó Bonilla, y que no fue capaz de colocar hasta que, tras varios rechaces, acabó a los pies de Barco y, desde allí, directamente en la red visitante.

Confiados unos y encendidos los otros, el Mutilvera despertó y cambió la venda que se había puesto sobre los ojos en un intento de que pasara el tiempo sin más por una presencia activa sobre el césped. En el 76 Ibero llegaba hasta la portería contraria y metía en la red un gol que el colegiado anuló inmediatamente por fuera de juego. Dos minutos después volvía a intentarlo con una jugada que obligó, por primera vez en el partido, a actuar a Edu, atrincherado en su portería.

Pero el momento álgido del partido llegó tras el peor: a la entrada injustificable sobre Iker que le valió a roja directa a Monreal le siguió la revancha de Alegre: un golazo que terminase de dejar claro quién es el maestro y quién, todavía, el aprendiz que sabe que lo es.