Iago López y Támara Echegoyen viven Río lejos de la Villa, entre la marina olímpica y el hotel del equipo
08 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Es domingo y en el entorno de Botafogo desde muy temprano hay partidos de fútbol. El barrio limita con Gloria, donde se levanta la gigante marina que acogerá la sede de vela. El viento sopla esta vez con fuerza en Guanabara. Tanto que las rachas de más de 25 nudos obligan por la mañana a mantener la flota olímpica en tierra. Así que el trabajo diario de reparación y preparación de todos los elementos de los barcos se prolonga hoy más allá de lo habitual. Hasta parte de la cubierta de la sala de prensa sale por los aires, provoca el cierre de la instalación y lleva a los periodistas a trabajar en mesas en la cafetería.
En este gigante complejo pasan cada día los regatistas gallegos Támara Echegoyen, Iago López y Fernando Echávarri. Cuando cae el sol, poco después de las cinco, su vida se traslada al otro lado del Pan de Azúcar, al hotel de concentración en Copacabana. «Estamos muy cómodos en Río», explica Támara Echegoyen, que viajó en los dos últimos años sobre una media docena de veces a Río. «Al venir en varias ocasiones, conocemos el campo de regatas, sus cambios, los tiempos que lleva ir de un lado a otro y como movernos. Nos sentimos cómodos en Río», explica la campeona olímpica de Elliott 6 m, que competirá en Guanabara en 49er FX con Berta Betanzos como tripulante. «Aquí estamos como en casa, nos tratan muy bien», coincide Iago López, con amistades en Río, aunque como se clasificó para los Juegos a finales de mayo, no realizó tantas visitas a Brasil. «Estuvimos dos veces en el 2015, y ahora llevamos desde el 15 de junio, salvo una semana de vacaciones que pasamos en casa».
La jornada empieza a las ocho de la mañana en su hotel de Copacabana. «Lo primero son los ejercicios de activación, con algo de yoga, con el preparador físico del equipo, Diego Quintana», explica Iago López, que compite en 49er con Diego Botín. A las once llegan a la Marina da Gloria. Y realizan un trabajo artesanal de puesta a punto del barco. Con cajas de herramientas, cabos, lijas y material por todas partes. Una tarea que hacen los regatistas y sus entrenadores a mano. La Marina da Gloria, un complejo privado que se terminó y remodeló mucho antes de los Juegos, cierra a las seis. A partir de esa hora, la vida de los regatistas gallegos continúa en Copacabana, sin apenas salidas. «De noche, el entorno no resulta muy aconsejable», matiza Iago López. «Aquí te acostumbras, y en realidad, coges el taxi para ir a la zona que te conviene», añade Berta Betanzos.
Alejados de la Villa Olímpica, su experiencia de convivencia con deportistas de otros países y deportes llegará al terminar los Juegos. «Nos quedamos en el hotel, vamos al gimnasio y a cenar y disfrutamos de los compañeros, del tiempo de relax con ellos», indica Echegoyen. Más activo, Iago López lamenta que el ocaso se produzca tan pronto a estas alturas del año en Río. «Lo que peor llevo es eso, que se haga de noche a las cinco y no poder aprovechar más el día». Aunque el sábado encontró un rato para visitar Copacabana con su compañero Iván Pastor para surfear.
A primera hora de la tarde de ayer el viento calmó. Los regatistas gallegos aprovecharon para otra última salida en Guanabara. La clase Nacra 17 de Fernando Echávarri comienza el miércoles, y tanto 49er como 49er FX tienen las primeras mangas el viernes. Así que ya empiezan a estar pendientes de los partes meteorológicos de los días de competición. «Por ahora no está claro. Pero el miércoles entra un frente frío», explica Pepe Lis, el entrenador de Bueu del barco de Echegoyen. En su caso, la jornada termina en el barrio de Cosme Velho, donde comparte apartamento con otros entrenadores del equipo español de vela. Al día siguiente, vuelta a la rutina en el mar, pendientes de que el viento termine llevándolos del hotel de Copacabana a la gloria olímpica.
Simulaciones de regatas, concertadas por guasap
La flota de 49er lleva días recreando las condiciones de las regatas olímpicas. Con mangas que comienzan a la una del mediodía y que se conciertan la víspera a través de la más popular de las aplicaciones de mensajería instantánea. «Nos avisamos a través de un grupo de guasap en el que están todos los equipos. Uno avisa de que saldrá al día siguiente y luego cada uno dice si se apunta. Aunque estamos saliendo casi siempre los 20 barcos. Los entrenadores montan el campo de regatas y todo como si fuese una prueba», explica Iago López. Las boyas, separadas entre 0,9 y 1,1 millas, un bucle que completan dos o tres veces en función de las condiciones del viento. A mayores rachas, más velocidad, por lo que se apuesta por tres vueltas, en lugar de dos, para que la regata no sea tan corta.
Cuartos hace unas semanas
El 49er de Botín y López tiene una referencia reciente muy alentadora. Fueron cuartos en el Campeonato Sudamericano celebrado a mediados de julio en Guanabara, solo por detrás de los barcos de Australia, Polonia y Nueva Zelanda. Pero el regatista de Portosín prefiere no hablar de puestos y expectativas.
De hecho, el equipo de Iago López fue uno de los que se clasificó más tarde para los Juegos Olímpicos de toda su clase, por un proceso que incluyó varias reclamaciones y se demoró más de lo previsto inicialmente. «Todavía estamos ajustando algunos temas de material porque nuestro barco llegó a Río en julio. El resto lo tienen aquí desde enero, mientras regateaban con otro en Europa», matiza el deportista de Portosín.
Echegoyen, actual campeona del Mundo de 49er FX, fue undécima en el Campeonato Sudamericano del mes pasado en Río, y se queda con «el aprendizaje» que acumularon en el agua de la cambiante bahía de Guanabara. La regatista pontevedresa mantiene el pulso exigente de siempre, el que le hizo campeona olímpica en Londres. Pero reconoce que poco tienen ya que ajustar o cambiar: «A una semana de empezar, está hecho todo el trabajo, aunque cada día aprendemos. Llevamos tres años y medio y solo quedan detalles por terminar».
Su entrenador, Pepe Lis, confirma que navegarán todos los días salvo mañana, cuando su barco pasará la medición que realiza la Federación Internacional.