Reencuentro con la Italia de siempre

Del Bosque repite equipo para enfrentarse en octavos de final a la subcampeona de Europa


redacción / la voz

Todo o nada. La hora de la verdad. Noventa minutos para dar un paso más hacia la defensa del título o para despedir de forma abrupta a buena parte de la espectacular generación de deportistas que ha elevado al fútbol español a niveles insospechados. España se enfrenta esta tarde a Italia, un castigo por el inesperado tropiezo contra Croacia, una derrota que envió al combinado español al camino pedregoso del cuadro, ese por el que pululan Francia, Alemania, Inglaterra e Italia, claro.

Y no es tanto que Italia pueda devolver al fútbol español al pasado -a esos tiempos en los que la tradición dictaba que había que caer en un fatídico cruce de cuartos- como que el equipo de Vicente del Bosque haya dejado unas cuantas dudas en el partido que cerró la segunda fase. Una cierta sensación de falta de frescura, de cansancio después de que el seleccionador mantuviera el mismo once inicial en los tres primeros partidos. Hoy tampoco se prevén variaciones, aunque se haya especulado con la posibilidad de que Casillas sustituyera a De Gea -Del Bosque no se va a echar atrás de la transición tranquila- o de refrescar al equipo con Koke o Lucas Vázquez. No parece probable. Seis días parecen suficientes como para haber digerido la derrota y recuperarse de un varapalo que, en el fondo, fue de consecuencias limitadas.

Italia ya no asusta tanto como en el pasado, entre otras cosas porque en los últimos tiempos el fútbol español ya ha ajustado cuentas con la historia al apear en los penaltis en cuartos de final de la Eurocopa del 2008 a la escuadra azzurra. Allí quedó definitivamente enterrado el maleficio, como quedó claramente ratificado cuatro años después, en la final del 2012, cuando España firmó uno de los mejores partidos que se le recuerdan para revalidar ante Italia el título conseguido Austria. En el once de hoy, Del Bosque mantiene al menos media docena de los campeones de Kiev. 

La Italia de hoy tiene poco que ver con la de entonces. Conserva, eso sí, el gen competitivo y el sentido táctico, pero ya ha desaparecido cualquier atisbo de fantasistas, esa especie a la que solían reservarle un espacio, pequeño: Roberto Baggio, Del Piero, Cassano... Menos calidad, pero peligrosos. Con Antonio Conte en el banquillo -próximo entrenador del Chelsea- se acabó cualquier esbozo de juego combinativo propuesto por Prandelli, su antecesor en el cargo. 

Sin un Pirlo que llevarse a la boca, Italia ha regresado a sus orígenes, a un sistema de tres centrales -su línea más reconocible- que ya ha convertido en un sello de distinción por delante del veterano Buffon, y que forma su particular BBC: Batagli, Bonuzzi y Chiellini. Una disposición con la que, por ejemplo, Chile u Holanda, en e Mundial, o la Italia de Prandelli, en el partido inaugural de la Eurocopa del 2012, complicaron la vida a la España del toque.

Las lesiones han privado a los italianos de Marchisio o Verratti y, como siempre, no van más allá de lo que las circunstancias exigen. Así, ganó Bélgica y Suecia, para, con los deberes hechos, caer frente a Irlanda. Es decir, la versión de la Italia de siempre, esa que aparece cuando nadie la tiene en cuenta. No dejaría de ser paradójico que la España de Vicente del Bosque se despidiera con la última versión de la azurra.

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