Entre la fe y las matemáticas

Carlos Melchor AL OTRO LADO

DEPORTES

Creer o no creer, esa es la cuestión. Con seis jornadas por delante, cinco puntos parecen una montaña difícilmente abordable. ¿Que se puede coronar? Es perfectamente posible, pero algo difícil de creer a estas alturas. El gol en el descuento del Valladolid, desgraciado, inoportuno y con mucha mala suerte detrás, cortó de raíz la euforia de los rojiblancos, que ya echaban mano de la calculadora y del calendario para seguir alimentando el calentón primaveral que supone jugar el play off. Como tantas otras veces que tan inocentemente echamos cuentas antes de tiempo, esta vez, tan cerca del final, el bajonazo duele aun mucho más. Y no aprendemos, que es lo peor.

Son solo cinco puntos y margen hay. Pero son ya varias las oportunidades que se fueron al limbo para engancharse definitivamente al tren de los privilegiados. Por eso, los puntos no son la dificultad más insalvable, lo es la cantidad de equipos que están metidos en el ajo. Algunos van a tener que ganar, aunque sea de casualidad. Solamente tres conjuntos de la primera mitad de la tabla llevan en la actualidad una racha de dos victorias seguidas y cuesta bastante ver al Lugo de hoy ser protagonista de una serie así en este momento crucial de la temporada. Ya sea por la eterna tendencia negativa en los desenlaces, por la falta de gas que exhiben ciertos jugadores en el tramo final o por lo poco que están aportando algunos de los que salen de refresco o como alternativa, la lógica hace que esos cinco puntos de diferencia se hagan más de lo que en realidad son. Dicho esto, ojalá uno se equivoque de lleno y se active el modo contrario a la predicción que lleva dentro.

Gloria y honor para esos cientos de lucenses que se desplazaron a Zorrilla movidos por la ilusión y que saborearon por un tiempo lo que se siente al ir por delante en el marcador en un estadio de los que pesan. Después del naufragio esta semana del Breogán, con una afición que se movilizó en masa tanto en el Pazo como en A Coruña y que acumuló otro drama más al largo historial de los últimos años, qué bien le vendría una gran alegría a tantos corazones tan castigados deportivamente. ¿Alcorcón, última estación?