Quien ha estado alguna vez en el precioso Country Club de Montecarlo ya no lo olvida de por vida. Si además tienes la oportunidad de haber presenciado alguna de las ediciones del open, mucho menos. Pero si encima obtienes allí resultados que marcan tu trayectoria, el torneo se convierte en uno de tus lugares preferidos para jugar.
Es el caso de Rafa Nadal, que en 2003, con solo 16 años, salvó la previa y derrotó al checo Kucera (22 ATP) y a Albert Costa, entonces vigente ganador de Roland Garros.
Desde 2005 hasta 2012, durante ocho ediciones consecutivas, impuso sus cualidades de forma inapelable. Coria, Ferrer, Verdasco, Federer (en tres ocasiones) y Djokovic (en dos) no consiguieron doblegarle en la final.
Hasta el 2013, cuando el serbio alcanzó un estado de forma excepcional, no perdió Nadal ninguna de las ocho finales.
Tres años después, afronta en el Principado una prueba muy importante. Un paréntesis por lesión y una recuperación peor que las anteriores en resultados, mermaron su confianza en su manera de afrontar los partidos, (su mejor cualidad hasta entonces), lo que significó una vulnerabilidad que le hizo asequible para jugadores que ni siquiera soñaban con hacerle frente en épocas anteriores.
En los últimos partidos Rafa dio síntomas de mejoría y sobre todo parece haber recobrado su autoconfianza, aspecto básico para volver a ser competitivo con los mejores.
Ahora llega a su superficie favorita y a sus santuarios, como Montecarlo y París. A priori una ventaja, pero también una presión añadida, ya que desde algunos sectores se plantean sus inmediatas actuaciones como su última oportunidad para volver a tener opciones de verse en lo más alto del ránking. Ese sitio hoy lo ocupa con una superioridad apabullante Djokovic. El serbio está intratable. Tiene ante sí la posibilidad de ganar su primer Roland Garros, su primer oro en los Juegos y acaparar los cuatro grandes en un mismo año. Objetivos que están a su alcance dado su estado de forma, pero para mantenerla durante tanto tiempo, y con la tensión añadida de que un mal día o una lesión pueden echar por tierra sus ilusiones, requieren planificación y equilibrio excepcionales. El estado de Federer tras su operación y la actuación de jóvenes como Thiem y Zverev son atractivos añadidos a una cita siempre principesca en el mundo del tenis.