Los enemigos de Cardenal


El ejercicio de las responsabilidades propias no siempre es recompensado. Es más, puede generar un millón de sinsabores y disgustos. Miguel Cardenal, en la recta final de su etapa al frente del Consejo Superior de Deportes, se ha echado sobre su espalda un buen número de enemigos. Y eso suele tener un coste.

Entre los enemigos está el propio Villar, para quien las leyes españolas no valen nada ante las propias del fútbol. También está Escañuela, el de los caramelos; Alejandro Blanco, a quien le exigió transparencia; Marta Domínguez, la del dopaje; o Florentino, el hombre que exige resoluciones a la carta. Hay quien dice que la categoría humana de una persona se puede medir por  la catadura moral de sus enemigos. Viendo la lista de amigos de Miguel Cardenal, parece que se merece un aplauso. De todas formas, la buena labor del secretario de Estado para el Deporte por mejorar la gobernanza de las federaciones, no le exime de estar sometido, como un español más, al escrutinio de la justicia. Lo mismo que personas que, como Villar, la desprecian continuamente, tienen derecho a pedir su amparo cuando lo estimen conveniente. Incluso cuando lo que realmente hace es instrumentalizar la justicia. 

El presidente de la federación se beneficia de una estrategia legal de sus abogados (pagados con dinero federativo) y en parte ha logrado sus fines, que la querella sea admitida. Pero ha fracasado en su intención de imputar a Cardenal, lo que habría sido un premio doble para él y lo que era realmente su gran objetivo. 

Ahora, la jueza estudiará el asunto y, según los expertos, la querella no debería tener mayor recorrido. No hay que olvidar que Miguel Cardenal lo único que ha hecho con Villar es pedirle al TAD que le abra expediente por unos hechos tan ciertos como que han sido reconocidos en la propia federación.

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