Neymar, el espectáculo con peaje

p. ríos BARCELONA / COLPISA

DEPORTES

LLUIS GENE | Afp

Al brasileño, un regateador excepcional por el que el Barça rechazó una oferta de 190 millones, se le critican algunos excesos al exhibir sus extraordinarias cualidades

05 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde que Neymar ha irrumpido en el fútbol español se entienden más los motivos por los que el regateador puro había casi desaparecido de este deporte tras agonizar durante años como especie en peligro de extinción. El brasileño no acaba un partido con el Barça sin que se hable más de sus supuestos desplantes a los rivales o de sus teóricos intentos de humillación que de su fútbol vertiginoso, atractivo y espectacular. Emplea todos sus recursos técnicos para intentar escapar de sus marcadores, un delantero que no rehúye el desafío de superar mediante un regate al defensa cuando está acorralado, ya sea pisando el balón, cambiarlo de pierna, con un eslalon, un túnel, un sombrero o un regate todavía por inventar fruto de su improvisación. Quizá por eso, en pleno proceso de ampliación de su contrato con el Barça, su padre haya confirmado ayer que el Manchester United hizo llegar una oferta de 190 millones de euros. El club la rechazó y el futbolista parece que seguirá unos cuantos años en en la Liga española.

Técnica y músculo

Así que la polémico sobre sus habilidades se prolongará. ¿Por qué intentar superar al adversario con técnica es un insulto y aprovechar una musculatura más dotada es una oda al fútbol? Misterios del balón. Barragán fue el último en sufrir el repertorio de desbordes de Neymar en la ida de la semifinal de la Copa del Rey en la que el Barça goleó (7-0) al Valencia. Han vuelto a cargarse las tintas en contra del brasileño por recrearse, quizás en exceso, en retar al lateral en el uno contra uno con el marcador muy favorable. También le han criticado por lanzar un penalti con 3-0 sin coger carrerilla. No se ha tenido en cuenta que Barragán le empujara lejos del césped en una de las primeras acciones del partido, provocando que cayera más allá de la hierba, golpeándose con el cemento y teniendo que ser atendido. Neymar responde con regates a los golpes. Tampoco se ha valorado que esta temporada ya lanzó varios penaltis a pie parado con desigual fortuna, a veces con el marcador ajustado y otras no.

Así es su forma de concebir el fútbol. Y tras dos años y medio en el Barça ya debería haber quedado claro que el que más riesgos asume es el propio Neymar. Así, en este inicio de año han coincidido una serie de partidos ante algunos de los rivales con los que más cuentas pendientes tiene. Los árbitros se lo permitieron casi a todo a Javi López en los dos derbis que disputó ante el Espanyol. Cuando eso sucede, lo razonable debe ser, según el juicio que se está haciendo, retrasar el balón hacia un compañero o tocar rápido cada vez que el lateral le presiona con los tacos rozando su bota y los brazos empujándole. Para Neymar, ese paso atrás es perder. Él prefiere volver a encarar una vez más. Y también por eso le critican. Sucedió lo mismo con De Marcos (Athletic) y Juanfran (Atlético). Tumbar a Neymar, por extraño que parezca, ya parece más legal en nuestro fútbol que verle intentar una filigrana para responder al juego duro.

Naturalmente, Neymar no es perfecto y en ocasiones podría evitar algún lance del juego que puede herir sensibilidades. Pero entre el músculo del autopase, retroceder el balón por no atreverse o ir al choque físico como hacen con él, habrá que saber convivir con esos excesos que seguro que enamoran a los que contemplan el fútbol como lo que es, un espectáculo.