Zidane, entre el mito y la inexperiencia

antón bruquetas REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

Ballesteros | Efe

¿Acierta el Real Madrid con el nuevo entrenador? Su carácter de leyenda blanca le otorgará crédito ante la grada si llegan los malos resultados, pero su corto bagaje en el banquillo dispara las dudas

06 ene 2016 . Actualizado a las 11:46 h.

Bajo el sol de invierno de Madrid que apenas quema dirigió ayer Zinedine Zidane su primer entrenamiento al frente del Real Madrid. En las gradas, más de cinco mil personas en una de esas ya escasas jornadas de puertas abiertas que celebra el club más laureado del viejo continente. Primeros aplausos para el hombre que pasó a la memoria colectiva del Santiago Bernabéu por aquella volea inimaginable en la final de la Liga de Campeones del 2002, la novena para las vitrinas de la sala de trofeos de la Castellana. Ese recuerdo es, sin duda, su mejor aval delante de una de las aficiones más exigentes del planeta y su principal bocanada de aire si las cosas vienen mal dadas.

Y nada más concluir ese baño de multitudes, Zidane se trasladó a la sala de prensa del estadio para comparecer ante los medios de comunicación y tratar de avanzar su modelo de equipo, su ideal de juego. Aunque lo que en realidad certificó el francés es que hablar ante la prensa no es lo suyo. Por eso y por su corta experiencia en el banquillo -solo dos temporadas al frente del Castilla en Segunda B- deja las mismas incógnitas que un día liberaron, por ejemplo, Guardiola -a quién calificó ayer como «un entrenador formidable y que está haciendo cosas impresionantes», pero con el que no quiso compararse- o Luis Enrique cuando saltaron de un filial a la élite del fútbol.

¿Cómo ha jugado el Castilla dirigido por el francés?

El año pasado no cumplió el objetivo de colarse en la liguilla de ascenso a la Segunda División. Y en esta campaña, hasta su nombramiento el lunes como primer entrenador del Madrid, el Castilla figura como segundo clasificado en el grupo II de la misma categoría. Es también el segundo equipo que más goles marca, con 29, frente a los 30 del Real Unión; pero así mismo es, de la parte alta, de los que más recibe, con 18. Habitualmente dispone a los futbolistas con esquema de 4-2-3-1, muy similar al que utilizaba el Real Madrid cuando él iluminaba a sus compañeros desde el césped. Si algo se le puede achacar a ese Castilla en el que su hijo mayor Enzo es uno de los capitanes, es que, tal vez, le falte personalidad. Hay días en los que no se sabe demasiado bien qué quiere proponer.

Ayer dijo exactamente lo que la afición del Madrid quería escuchar: solo le vale ganar. Y también que intentará «jugar ofensivo y bonito». «Quiero tener la pelota, para mí la posesión es fundamental», aseguró. Pero no se prodigó en más detalles. Zidane y las largas explicaciones parecen no ser compatibles. Es amigo de la sencillez, de no complicar las cosas más de lo necesario. Tan a gusto se siente con la síntesis que un día le preguntaron que era para él el fútbol y solo necesitó unas pocas palabras: «El deporte más fácil del mundo, basta con un balón y algo que haga de portería».

¿Qué relación ha mantenido con los jugadores?

Es la pieza angular sobre la que parece pivotar el éxito de cualquier inquilino del banquillo de un coloso como el Madrid en el que más que una plantilla el preparador guía a una constelación de estrellas. Y semeja que ha sido la clave en el fracaso de Rafa Benítez. Su antecesor en el cargo nunca entendió que sin los jugadores estaba perdido. En el Castilla algunos lo han sentido cercano y otros aún lo veían allá arriba, en el Olimpo. Pero Zidane ya se ha apresurado a decir que el Zidane del Castilla no será el del Real Madrid. Comprende que las figuras con galones precisan de otro trato. Quizás el más amable de Ancelotti, con el que alcanzó la décima como segundo.

¿Aguantará la presión si los resultados no le acompañan?

«Lo que me hace falta es ganar partidos». Zidane es consciente de que el margen de maniobra en el banquillo del Real Madrid es demasiado corto. En cuanto Florentino siente la presión, trata de cortarla por el único eslabón posible. Con este presidente la figura del entrenador tiene un carácter tan interino que hasta ayer, un día después de su designación, nadie se había cuestionado por cuánto tiempo firmaba. «Da igual. Es hasta que Florentino quiera», le faltó decir a Butragueño.

Durante su carrera, la gestión de la presión no fue uno de los fuertes de Zidane. Digirió a medias la frustración. La imagen de su retirada lo ilustra como ninguna. Dijo adiós con un cabezazo.