TParece haber encauzado el Breogán su rumbo con tres victorias consecutivas que le permiten engancharse a la zona noble y establecer distancia con el grupo de los menesterosos, ese barullo convulso donde parece que todos somos iguales y algunos aprovechan para buscar en él nivel y competitividad a una competición que no la tiene y en la que casi resulta obsceno ver al Breogán circulando por ella. El triunfo ante el Oviedo tuvo el tinte angustioso habitual, cuando ya todo parecía resuelto, nuevamente angustia. Al final no pasó de eso, un susto para tranquilidad del ambiente y desmesura de los que quieren ignorar la lamentable desigualdad que preside esta Liga con equipos, no hace mucho tiempo, de nivel EBA y poco más. Esta Liga -que nació para 16 equipos y llegó a tener, entre A, B y C más de 40 y que actualmente entre dos grupos suma 30, una barbaridad- alimenta la esperanza para ciudades que no hace mucho estuvieron en lo más alto, como Alicante, Granada o Valladolid, que aguantan en este invento esperando tiempos mejores y posiblemente no tan lejanos, en el cataclismo que vive la Federación Española, que puede ser el pistoletazo de salida para un cambio que parece ya muy cerca. Por aquí, mientras tanto, el único problema parece ser el fichaje de un pívot. Pues muy bien.
El choque de esta tarde en Cáceres, a quien una victoria del Breogán hace años le mandó a los infiernos, es otro de tantos perseguidos por la desigualdad. La lectura de Lisardo es «hay que dominar el rebote», yo creo que lo que hay que dominar es el uso de los recursos, sacar rendimiento a la descomunal desigualdad entre ambas plantillas y no dejar que el partido se juegue a cara o cruz. Todos sabemos que ganar fuera de casa siempre es difícil, pero la paciente lucha por recuperar el tiempo perdido pasa por no dejarse victorias en campos como el de Cáceres.