No se cambia lo que funciona. Una vieja máxima que a veces tiene sentido, o lo parece. Incluso en circunstancias aparentemente diferentes. El mismo Dépor que se le atragantó al Celta, en Riazor, siete días atrás, se le indigestó ayer al Las Palmas, en el estadio Insular.
Será porque el Celta y el actual Las Palmas tienen algo común. O quizá, porque el que es casi siempre el mismo es un Dépor competitivo, correoso, incómodo para cualquier rival; un equipo al que apenas se le crea peligro y que sabe sacar petróleo de cada carrera. Sin necesidad de tener el balón -no lo necesita-, a expensas de la propuesta de su rival, el Dépor asistió a una noche plácida en su portería y generó mucho más peligro sobre la puerta contraria. Lucas, Jonathan o Bergantiños tuvieron ocasiones para ampliar el resultado; igual que frente al Celta, Lux paró otro penalti. El argentino realizó la parada de la noche, a dos minutos para el final, en quizá la única ocasión que concedió un Dépor sólido, inteligente y práctico.
Marcó Lucas, asistió Lucas y sumó Lux. El Dépor blindó su área y Mosquera puso orden. Tan similar a siete días atrás que Víctor escogió a los mismos tres protagonistas para darle aire a su equipo: Fayçal, Jonás y Laure. Quizá porque el Dépor se parece cada vez a lo que quiere ser. El estilo.