La afición no perdona a Florentino

Reprochan al presidente del Madrid que trate de escurrir el bulto tras la debacle del clásico


redacción / La voz

Cuando en el intermedio del clásico los jugadores empezaron a enfilar el túnel del vestuario del Santiago Bernabéu y el público se volvió hacia el palco para pedir la dimisión del presidente, Florentino hizo un gesto que condensa la profunda crisis en la que ha sumido al Real Madrid. El máximo mandatario se encogió de hombros y abrió los brazos como si tratase de explicarles a los aficionados que aquel naufragio no tenía nada que ver con él. Ese desmarque de Florentino evidencia que se le ha desmontado la hoja de ruta que había trazado para recuperar la hegemonía del conjunto blanco sobre un Barcelona en ebullición y, al estilo de un emperador romano, parece encaminado a echar a los leones a su entrenador y a los jugadores con tal de salvar su cabeza.

No es la primera vez que lo intenta. Pero en esta ocasión será complicado que su discurso cale hondo en la grada. Ha cometido demasiados errores.

La Prepotencia

Sin tacto con los críticos. Durante las últimas asambleas, las voces críticas que fueron surgiendo contra la gestión del presidente fueron despachadas por Florentino con respuestas repletas de prepotencia. En ellas no ataca el discurso de sus contrarios, que se centra, además de la errática dirección deportiva, en el gran endeudamiento del Madrid y una fragilidad económica mucho mayor de la que pregona la oficialidad, sino que apunta hacia las personas. Pone en duda su preparación, su formación, para luego alardear, con una muletilla manida, de que el modelo del Madrid se estudia en las grandes universidades internacionales. Y mantiene el discurso cuando alguien le recordó que en el Madrid además de números, debería hablar de títulos.

El «ser superior»

Hacer y deshacer a su antojo. Emilio Butragueño definió un día a Florentino Pérez como «un ser superior». De tanto que se repitió esa coletilla en las oficinas de ACS y de Concha Espina, se la llegó a creer. A partir de entonces, cada decisión trascendental en el proyecto deportivo se convirtió en un capricho. Florentino fue el encargado de hacer y deshacer el Madrid a su antojo. Nadie sabe más de fútbol que él. O eso piensa. Fue él el visionario que intuyó en Bale el relevo de Cristiano Ronaldo. Pese a las voces autorizadas que señalaban que el encaje de los dos futbolistas en una sola plantilla -los dos se desplegaban desde el extremo izquierdo- era una misión imposible, Florentino gastó más de cien millones de euros en la contratación del galés.

Sin Autocrítica

Nunca un solo error. Pero, sobre todo, lo que la grada del Bernabéu ya no tolera es que Florentino escurra el bulto. No tuvo nada que ver con la debacle del sábado contra el Barcelona, pero tampoco con la degradación de los valores del club bajo la etapa de Mourinho; ni con la rescisión de contrato de Carlo Ancelotti, el hombre que conquistó la décima y que devolvió la paz a la afición; ni con la salida en falso de Casillas; ni con la elección de Rafa Benítez como sustituto de Ancelotti; ni con el dispendio de Bale. Ya nadie se traga que cuando gana, el milagro es Florentino; y cuando pierde, el esperpento hay que atribuírselo a los subordinados, a seres de carne y hueso.

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