Y todavía puede mejorar...

Fernando Rey Tapias LA PIZARRA

DEPORTES

09 nov 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Djokovic obtuvo su décimo título de la temporada, y refrendó un año excepcional, con un 95% de victorias, lo que refleja su enorme superioridad sobre el resto. Sus rivales no encuentran la forma de superarle. La sensación de consistencia en lo táctico, el poderío y resistencia de su físico y el alto ritmo de juego que impone con sus golpes, le han situado en un nivel hoy por hoy inalcanzable para todos sus adversarios. Algunos se sorprendieron con las declaraciones a L?Equipe de Marian Vajda, el eslovaco que cumple nueve años junto a Novak, en las que afirmaba que aunque el serbio atraviesa el mejor momento de su carrera, todavía puede mejorar en todas las áreas.

Comparto totalmente esa afirmación: en primer lugar por lo que supone de ejemplo de humildad, y también de reconocimiento de que el camino en busca de la perfección no acaba nunca; en segundo, por lo que supone de reafirmación de que ningún gran campeón en la historia del deporte ha alcanzado éxitos relevantes sin que un gran esfuerzo acompañe su talento. Vajda se refería al trabajo cada vez más creativo en pequeños detalles. Una labor importantísima que muchas veces produce extraordinarios beneficios, como la mejora espectacular en el resto de Nole en los últimos años. Creo que en el saque, la derecha, el juego de media pista, la sutileza en la volea, la total en el remate, son aspectos con margen de mejora en el serbio, que también habrá de cuidar el no pasarse en su autoexigencia, como los gestos negativos ante un saque a 215 km/hora que se va por dos centímetros.

A Djokovic le ha costado equilibrar todas sus cualidades y conformar un gran equipo a su alrededor, para conseguir las más altas metas. Ahora parece imbatible, pero ¿por cuanto tiempo? Difícil respuesta, ante la cantidad de factores que pueden afectar a la trayectoria de unos y otros, pero volviendo a las declaraciones de Vajda, me trajeron uno de los recuerdos que conservo como algo muy especial. Se remonta a los días previos al Open de Montecarlo de 1987. Ion Tiriac el exjugador rumano que dirigió durante una década a Guillermo Vilas, se hace cargo de la preparación de un Boris Becker de 19 años que ya había ganado dos veces Wimbledon. El alemán trabaja duro en la central con los esparrings que le selecciona Tiriac, amén de completar su preparación con un trabajo físico dirigido por el escocés Frank Dick, preparador de Daley Thompson, campeón olímpico de decatlón.

En el resto de las pistas del club monegasco, se entrenaban figuras de la época, como Edberg, Wilander, Noah, Muster... En la más alejada, en soledad, descubro a Tiriac con Vilas. El rumano le indicaba un cambio en la preparación del swing de su drive. Me quedé absorto ante la escena. Vilas estaba a punto de cumplir 35 años. Con fama de trabajadores espartanos, ambos habían dedicado horas y horas durante una década en la que Guillermo había conseguido sus mejores éxitos de una gran trayectoria: 62 torneos ATP, 4 Grand Slam, uno de los mejores jugadores en tierra de todos los tiempos, y ahora, ya en el ocaso de su carrera, todavía buscaban mejorar la técnica de un golpe.

Es difícil transmitir la sensación que la escena me produjo: por un lado la generosidad de un entrenador que quiere devolverle a su pupilo, hasta el último momento, la absoluta entrega que este tuvo. Por el otro, la perseverancia en la mejora, el indómito espíritu de superación del jugador que lucha contra el tiempo. Vilas perdió en segunda ronda en ese torneo, al igual que Becker. El argentino ya lo había ganado en tres ocasiones. El alemán jugó tres finales, pero nunca consiguió vencer. Quizá la explicación esté en las palabras del propio Tiriac: «Ninguno de los jugadores que entrené, incluido Becker, tenían la disposición que tuvo Vilas».

Las mejoras tácticas y el impecable estado físico de Federer, y el gran esfuerzo de Nadal por volver a su mejor nivel, reafirman que para ser un campeón, y mantenerse, hace falta no solo talento, sino también disciplina y trabajo.

Justo las condiciones que también atesora Novak Djokovic, hoy por hoy el mejor, el jugador a batir.