Un cincuentón con el gol en vena

Luis Manuel Rodríguez González
luis m. rodríguez OURENSE / LA VOZ

DEPORTES

Jesús Rodríguez debutó en la única categoría en la que no había militado

29 sep 2015 . Actualizado a las 08:42 h.

A Jesús Rodríguez Muíños (Extramundi-Padrón, 1965) se le conoce sobre todo por el apelativo de Carolo. Ese nombre de guerra que en los campos de fútbol en los que jugó -y fueron unos cuantos- sembró el desasosiego entre aquellos zagueros encargados de su marcaje.

Aún después de rebasar la barrera de los cincuenta años, este mítico cazagoles sigue mostrándose inquieto y ayer mismo completó un círculo que ya rondaba por su cabeza desde hace algún tiempo: «Antes de retirarme, había jugado en todas las categorías del fútbol federado, pero me faltaba la Tercera Autonómica. No se concretó ninguna de las posibilidades que tuve y casi había olvidado esa idea, pero surgió la propuesta del Razamonde y me volví a vestir de corto».

El equipo de As Carricobas alineó a Carolo en la matinal de ayer, en su partido frente a Os Chaos y, como no podía ser de otro modo, el ariete se estrenó con una anotación, la primera del 5-2 que le dio el triunfo a su nuevo club. Explica también el delantero que su prioridad actual pasa por la dirección desde el banquillo: «Me comprometí con el Arrabaldo para entrenar a uno de sus conjuntos de alevines y a otro juvenil. Como está cerca de Razamonde también me hablaron de echarles una mano sobre el campo y lo consideré posible».

En medio siglo de vida, Jesús le ha dedicado buena parte de su tiempo de ocio al deporte rey, a pesar de que durante otra larga etapa fue además su profesión. Comenzó en su pueblo, con el CD Sar, el trampolín que lo lanzó en 1982 al equipo juvenil del Celta. Y al abrigo del gigante celeste causó sus primeros impactos, al punto de debutar en la Primera División con la elástica olívica. Fue nada menos que en San Mamés, poco antes de cumplir los 18 años.

Pero, contra pronóstico, aquellos 24 minutos que le concedió el yugoslavo Pavic fueron los últimos que disfrutó en el máximo escalafón estatal. Con el propio elenco de Balaídos y, más tarde, con el CD Lugo, también disputó una docena de encuentros en la Segunda División, pero fue en la siempre complicada Segunda B en la que se labró fama de incansable goleador, con un tope de 15 en uno de sus cursos en la Cultural Leonesa.

Por el camino, en los albores de la década de los noventa perdió el cabello debido a una enfermedad: «Dijeron que era a causa de los nervios, pero yo siempre fui muy tranquilo y nunca me causó ninguna dolencia más».

Su calva fue toda una seña de identidad en sus mejores años como ariete de postín y si en la categoría de bronce rozó el centenar de apariciones en liga regular, en Tercera fue pieza clave en los ascensos del Lalín, Leonesa y Gramanet, al que se suma el del Celta a Primera (84/85), para el cual contribuyó en un partido.

Además des sus experiencias lejos de Galicia, en nuestra comunidad es todo un personaje de esos imprescindibles en los corrillos del fútbol gallego. En 1997 se afincó en Ourense y también lució la camiseta del Ponte, antes de volver a brillar en las categorías nacionales hasta los primeros días del siglo, cuando ya pisó la modesta Preferente en el Taboadela y el Vilamarín. En A Peroxa hizo sus primeros pinitos como entrenador en la entonces Primera Regional ourensana y también participó en los sueños de aficiones como las del Paderne, Vilariño o el Ferreira de Pantón en Lugo, que disfrutaron de sus movimientos de veterano hombre de área.

Quienes lo conocen saben que Carolo seguirá ligado a su deporte favorito y merodeando por las porterías rivales, aunque sea en los entrenamientos de sus jóvenes alumnos o en algún partido de veteranos. Antes, en Razamonde, cerró un viaje por todas las estaciones del planeta gol.