Un día con la selección asiática de fútbol sala que dirige el ferrolano Bruno García
24 sep 2015 . Actualizado a las 12:20 h.Cinco partidos en doce días estiran las jornadas de la concentración de la selección de fútbol sala de Vietnam en Galicia. Se acostó el lunes tras un amistoso en Santiago y el despertador suena el martes a las ocho en su hotel, en uno de esos difusos lindes de Ferrol y Narón. Hoy, otro partido. La federación asiática -que paga cuatro mil euros de canon a la española para disputar amistosos en su territorio- se despereza en la planta tercera y desayuna en la primera. Ambas las ocupa por entero la expedición de 17 jugadores (ocho de ellos sub-20, con un rol de novatos que, siguiendo sus códigos de respeto a los mayores, les obliga a tareas extra en el grupo) y nueve personas más. Con el entrenador, el ferrolano Bruno García, el staff incluye un segundo técnico, uno de porteros, un preparador físico -el chantadino Héctor Souto, que participa del análisis del rival-, un asistente y traductor, un encargado de scouting y vídeo, un médico, un cocinero, un periodista y el responsable de fútbol sala de la federación del país, Tran Anh Tu, Míster Tu, que se incorpora con la concentración en marcha.
Viaja Vietnam con cocinero y cajas de comida apiladas en la cocina. En Galicia adquieren el producto fresco, pero facturaron en la otra esquina del mundo 300 kilos de alimentos, incluidos 100 de arroz. «El grano es la base de su dieta, presente en todas las comidas, y prefieren el suyo al que compran aquí. El resto, suele ser de picar. Hicimos un estudio con el médico y un nutricionista y ahora añadimos aporte proteínico», explica el entrenador.
Después de tres minutos escasos de autobús, el equipo llega al pabellón de A Gándara. Toca sesión de recuperación. Sobre el silencio de la pista se alzan las voces altas de los jugadores. La cháchara acompaña parte del distendido entrenamiento. Salvo cuando habla el entrenador en inglés. Traduce un miembro del cuerpo técnico al vietnamita.
«La Andalucía de Asia»
Silencio. «Tienen un respeto absoluto hacia el entrenador, y mantienen las distancias, aunque yo implanto una relación cercana y cordial», explica García sobre la cultura vietnamita. «El país está considerado uno de los más acogedores de la región. Tienen cariño por los extranjeros. Viven en la calle. Dicen que es la Andalucía de Asia», explica el técnico.
Al regreso al hotel toca terapia con hielo en la bañera y comida. Los técnicos gallegos manejan los palillos con destreza y los jugadores jóvenes ponen y recogen la mesa. La cubertería, con motivos asiáticos, podría ser vietnamita. Lo es. También formó parte del equipaje.
Por la tarde, tras la merienda, toca sesión de vídeo. Sobre la pantalla, Bruno García analiza con el puntero el meticuloso trabajo previo, dividido en dos bloques: uno sobre aciertos y errores del partido anterior y otro sobre el rival, el modesto Cidade de Narón, al que disecciona incluso jugador por jugador. «Mirad el portero como espera en posición baja y rota los hombros. Si hay un doble penalti, por raso será difícil. Buscad un tiro alto».
Llega el partido. Los 17 jugadores se aprietan en el sencillo vestuario. Antes de saltar a a pista, García refresca cuatro ideas fuerza y apela también al sentimiento: «Aquí conseguimos la primera victoria de la selección en España. Recordadlo. Intentemos repetir. ¡Y jugad con el corazón!», arenga al grupo ya formando una piña. Los jugadores se conjuran: «¡Un, dos, tres, Vietnam, Vietnam, Vietnam!».
«Varios jugadores podrían competir en España en Primera División»
Pese a tener solo 41 años, Bruno García tiene una amplia experiencia en los banquillos. Entrenó en Fene, Ferrol, Pontevedra, Granada, Lugo y Córdoba. En el 2010 hizo las maletas. Se convirtió en el primer entrenador español en un equipo chino. Triunfó en el Changchu y pasó a una plaza más potente, el Zhejiang Dragons, con el que celebró el subcampeonato.
El siguiente destino fue Perú. Otra pica. Primer entrenador español en una selección sudamericana. Y bronce en los Juegos Bolivarianos, hazaña para un país sin podios internacionales absolutos en deportes de equipo. Ya es padre de un hijo. «Lo concebí en China, me enteré en Japón, nació en Ferrol cuando yo estaba en Perú y ahora vive en Vietnam», comenta divertido. La atractiva oferta de la antigua Cochinchina le daba estabailidad hasta el 2017. Bronce con la selección en la Copa del Sudeste Asiático y bronce con el equipo que representó al país en la Champions de clubes de Asia.
«En la calle hay un desorden ordenado. La jerarquía la marca el coche más grande, y le dejan pasar entre miles de motos», explica el entrenador. Un chófer cubre sus desplazamientos profesionales por la jungla de asfalto.
La crisis del fútbol sala español y el prestigio de sus entrenadores abrieron puertas a los gallegos: Pulpis trabaja en Uzbekistán y Julio Fernández y Ramiro López en Kuwait. Y hay técnicos españoles en Irán, Líbano, Japón, Catar...
«En la Champions de Asia, el equipo que me asignó la federación para representar al país fuera, el Thai Son Nam, se reforzó con dos extranjeros. Con ese par de refuerzos, mi selección podría competir en Primera en España», razona sobre el nivel del fútbol sala en un país donde había mucho por hacer cuando llegó.
«Los clubes tenían una veintena de futbolistas e iban montando equipos para lo que iba surgiendo, fútbol 11, fútbol sala... No había especialización. Y se jugaban solo torneos locales. Tenían selección y otra joven. Ahora con la federación hemos implantado una liga y ya contamos con selecciones sub-21, sub-18, sub-15 y sub-13, con sus jugadores concentrados en un centro de alto rendimiento en Saigón.
«Varios futbolisats de mi selección podrían jugar en Primera División», considera García. Ya es noche cerrada en Narón. Al día siguiente, el equipo juega en Burela.