Nada puede con Gómez Noya

antón bruquetas REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

Rich Cruse

Está a punto de agigantar su leyenda tras superar en solo una semana un virus, acabar tercero en el Mundial de medio Ironman y ser segundo en Edmonton

08 sep 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Poco después de cruzar la línea de meta, con los músculos atenazados por el frío polar que bañaba Edmonton, Javier Gómez Noya se inclinó para felicitar al ganador de la última prueba de las Series Mundiales antes de la Grand Final que se celebrará en Chicago dentro de dos semanas. Tirado en un suelo gélido y encharcado por la persistente lluvia que transformó el Hawrelak Park en un infierno durante todo el domingo, el sudafricano Richard Murray levantó la mano para recibir el gesto cariñoso del tetracampeón del mundo. Murray estaba exhausto. Se había preparado de forma específica para esta cita, cuyo recorrido sobre distancia esprint (750 metros a nado, 20 kilómetros en bici y 5 finales a pie) se amolda a la perfección a la explosividad de sus piernas, pero tuvo que rozar el límite para desprenderse de una sombra que solo lo abandonó a falta de 400 metros del final. Gómez Noya, después de superar un virus que lo tuvo en cama dos días, acabar tercero en el Mundial de medio Ironman (1.900 metros a nado, 90 kilómetros sobre el manillar y 21 de carrera pedestre), estuvo a un palmo de conseguir el primer puesto en Canadá en una semana portentosa. De todos modos, la segunda plaza lo deja en una posición inmejorable para conquistar un nuevo Mundial.

La diferencia de esfuerzos y ritmos entre un medio Ironman, más prolongados y suaves, y un triatlón de distancia esprint, reducidos y frenéticos, había levantado dudas en el entorno del triatleta gallego sobre cómo respondería en su regreso a las Series Mundiales frente a deportistas más jóvenes y que se habían volcado en la prueba de Edmonton, uno de los pocos escaparates que restaban antes de terminar el año. Consideraban que tal vez el medio Ironman le pudiese restar algo de velocidad para aguantar el empuje de las nuevas generaciones. Pero Gómez Noya vive de dulce. Nada puede con él.

Al concluir la prueba test de los Juegos de Río, donde habrá un circuito demoledor en el segundo segmento, el ferrolano aseguró que conforme pasan los años más a gusto se encuentra en condiciones duras. Eso tal vez explique que el domingo, después de siete días de paliza, con viaje desde Europa a Norteamérica incluido, fuese él quien bajo la tortura glacial de Edmonton tuviese que animar al ganador que no se mantenía en pie.