Si Borjas Martín se ha propuesto continuar la historia que inició en el Astorga a finales del 2014, el Pontevedra debería ir preparándose para celebrar muchas victorias. O, por lo menos, unos cuantos goles. El jugador canario protagonizó entonces una peculiar aventura: dispuesto a acabar con la sequía de goles, de 14 jornadas, que le asolaba desde que llegara a su nuevo equipo pidió permiso para bendecir sus botas. El cura accedió y el futbolista regaló 11 tantos en los siguientes 10 partidos.
Esta misma semana empezaba el Pontevedra a notarse inquieto al verse incapaz de estrenar su marcador tras dos partidos de liga. El entrenador, Luisito, le restaba importancia y explicaba que «os goles hai que pagalos, e nós non temos cartos». Ayer, tras el partido que enfrentó a los granates al Tudelano, admitía que en realidad sí los necesitaban.
Y así, sin ni siquiera pedírselo, Borjas rompió la racha del equipo pontevedrés. Dos veces. Una casi al principio del partido, en el minuto 8, y la otra, casi al final, en el 77. Como si fuera casual y la bendición del cura de Astorga no tuviera que ver. O puede que también fueran todas las ocasiones en las que el canario se dejó la piel para llegar a la portería contraria, y con chilena incluida.
borjas martín Pontevedra c.f.