Producto genuinamente americano

a. bruquetas REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

CHRISTOPHE SIMON | AFP

La historia de su familia encarna a la perfección ese relato tan emocional que mezcla inmigración y guerra

10 ago 2015 . Actualizado a las 15:36 h.

La primera vez que Katie Ledecky salió de viaje fuera de Estados Unidos fue en el 2007 para visitar la República Checa y conocer el pueblo donde habían nacido sus abuelos paternos. Los padres de David Ledecky habían dejado Europa en 1947 para intentar saborear el sueño americano, para crecer de la nada en la tierra de las oportunidades. El abuelo materno de la nadadora combatió en el Pacífico Sur durante la Segunda Guerra Mundial, donde fue condecorado con las estrellas de plata y bronce. La historia de la mejor deportista del momento enamora a su país, encarna a la perfección ese relato tan emocional para sus compatriotas en el que se mezcla el éxito de un inmigrante y el patriotismo de un combatiente.

Katie Ledecky comenzó a nadar a los seis años por un solo motivo: estar pegada más tiempo a su hermano mayor Michael, quien, a punto de graduarse en Harvard, una de las universidades más prestigiosas del mundo, la acompañó en Kazán. «Simplemente lo amo», dijo la deportista. «Es muy importante para mí que esté aquí conmigo, es algo realmente especial». Con Michael y Katie en la piscina, los dos hijos seguían el camino de su madre, Mary Gen Hagan, que llegó a estar entre las mejores veinte nadadoras de Estados Unidos en los 200 libre. Katie pronto empezó a despuntar. Y a ser seleccionada para entrenar con algunos de los mejores especialistas del equipo nacional.

Para el gran público su irrupción en la élite fue casi de golpe, por sorpresa. En el 2012, durante los campeonatos que debían definir la selección de los Juegos Olímpicos, venció en el 800 libre, con un tiempo de 8.19,78, estratosférico para una chica de 15 años. En Londres, durante la cita planetaria, pulverizó ese registro personal -lo dejó en 8.14,63, el segundo más rápido de toda la historia- y consiguió colgarse la medalla de oro. En los Mundiales de Barcelona del 2013, explotó con cuatro oros. En Kazán, simplemente escribió en la historia.

«No tiene miedo a fracasar, siempre necesita encontrar un reto con el que superarse, y sabe digerir una derrota», comenta su entrenador. «Pero no conoce la palabra rendición». Producto genuinamente americano.