La intensa lluvia retrasó la jornada, sopló el viento con fuerza y en un día de tiempo inestable el estadounidense se agarró al liderato con su pegada
18 jul 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Antes de que Dustin Johnson volviese a acortar las calles de St. Andrews a base de golpazos interminables, salidas que no había forma de parar mientras saltaban por las calles hacia distancias imposibles, pasó de todo. Cayó agua para anegar el campo, la descarga obligó a la organización a desplegar toda su maestría para solucionar imprevistos en la cuna del golf y el inicio de la segunda jornada del Open Británico se aplazó hasta tres horas y media sobre lo fijado. Luego salió al campo Danny Willett y animó la jornada. ¡De qué manera! El ingés de Sheffield, sin demasiado bagaje en los grandes más que su decimoquinto puesto en el Open de 2013 en Muirfield, enlazó birdies de forma asombrosa. Al -6 del primer día añadió otros cuatro birdies, sin errores, en las diez primeras calles. Y, pese al borrón del tramo final de su vuelta, con bogeys al 15 y al 17, se marchó con la ovación del público del Old Course tras el birdie junto a la casa club. Entre los amateurs, deslumbró el irlandés Paul Dunne. Recto, ordenado, sólido como un veterano jugó el único aficionado que alcanzó la final de la fase de clasificación para el tercer grande del año. Y cuando cruzó el Swilcan Bridge solo llevaba a su espalda el recuerdo amargo de dos bogeys en el 11 y 16. El último birdie le permitió totalizar seis bajo par.
Pero el torneo se reiniciaba en realidad con la partida estelar. El jugador del momento, Jordan Spieth, ganador en el Masters de Augusta y el US Open, y Dustin Johnson, el perdedor del anterior grande en Chambers Bay, porque en gran medida entregó la copa en el último green, con el japonés Hideki Matsuyama completando la terna.
Y el espectáculo resultó tal, que la pegada de Johnson y la forma de acariciar la bola de Matsuyama dejaron en un segundo plano la pelea de Spieth con la historia, más irregular de lo que se le había visto este año en los otros dos grandes de este año.
Pese al tiempo cambiante en la costa este escocesa, azotada por rachas de viento de hasta 60 kilómetros por hora, y que las borrascas transformaron varias veces, el partido estelar resistió a todo. Johnson recuperó pronto el liderato, con birdies en el 4, 5, 7, 10... Y se fue a dormir, tras su único fallo, con un acumulado de -10. Matsuyama dobló la apuesta, reivindicando protagonismo tras el fabuloso jueves de sus compañeros de partida, con siete birdies en las diez primeras banderas antes de torcerse algo para totalizar -6.
El viernes del Open estaba preparado para dos despedidas. Ganador de seis grandes, Nick Faldo sacó de su bolsa el jersey con el que celebró en St. Andrews el título de 1990 para jugar el último hoyo de su vida en el Old Course, aunque seguirá en activo. En el Swilcan Bridge se esperaba también el paso majestuoso de Tom Watson (cinco veces vencedor en el Open, pero ninguna en St. Andrews) a sus 64 años. Y el retraso de la jornada dejó el ritual para un momento único, ya en penumbra, para dar a su última calle una atmósfera especial, iluminada para aplaudir al mito. Otros no pudieron terminar por falta de luz.