Moggi y el ejercicio de cinismo

José M. Fernández PUNTO Y COMA

DEPORTES

La indiscreción de Luciano Moggi descubrió la verdad. Y la mentira, el ejercicio de cinismo de un Florentino Pérez que quiso adornar el injustificado despido -al menos, él fue incapaz de ofrecer una razón coherente- de Carlo Ancelotti. Escenificó el presidente del Madrid una destitución que ya todo el mundo sabía, la disfrazó de acuerdo consensuado por el consejo de administración y balbuceó la explicación al uso, tan corta de argumentos como sobrada de capricho.

«Ha sido una decisión tremendamente difícil», acertó a pronunciar Florentino Pérez. Dos minutos después, los presentes se dieron cuenta de que el despido jamás pasaría el barniz de la legislación laboral más laxa. No importa; la chequera blanca sirve para tapar cualquier déficit de gestión. «En este club la exigencia es máxima y la junta directiva ha considerado que necesitábamos otro impulso para conquistar nuevos títulos». Asunto zanjado. A la calle con Ancelotti, el pacificador, el hombre que ocupó el banquillo durante la conquista de la décima y que ayudó a ganar la Supercopa de Europa y el Mundialito.

Florentino Pérez, el apóstol de una excelencia que él no practica, había esparcido el rumor de que Ancelotti se manejaba con métodos anticuados -vetusto argumento que en su día ya le sirvió para deshacerse de un Vicente del Bosque que posteriormente conquistaría Europeo y Mundial-, cuya consecuencia fue el elevado número de lesionados. Pero a Florentino, inflexible con los demás, lo que de verdad le irritaba era la fluida relación de Carleto con la plantilla; tan amistosa como para que todo aquel jugador que pudo exponerlo en público respaldara a un técnico que el presidente había sentenciado mucho antes. El mismo presidente bajo cuya gestión, su club, al que él mismo define como el mejor de la historia, solo ha ganado 7 de los 36 trofeos en juego, pese a haber gastado más de 1.200 millones de euros. Un despilfarro.