El «lifting» de la Vecchia Signora

iván Antelo REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

LLUIS GENE | AFP

La Juve vuelve a luchar por el título doce años después con un equipo de defensa y contragolpe

06 jun 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

En el primer cuarto del siglo XX, la clase obrera italiana solía llamar vecchios signores a los poderosos empresarios. Como el club pertenecía desde 1923 a la pudiente familia Agnelli (Fiat), el pueblo pasó a bautizar a la Juve como Vecchia Signora. Un siglo más tarde, sin tanto dinero, el equipo de Turín presume de ser el más laureado de Italia, aunque el Milan le ha ganado históricamente la batalla en Europa. Hoy puede empezar a acortar esa distancias (7 a 2 en número de Champions). Y lo hará con un equipo sublime en defensa, que juega un 4-3-1-2 en el que los delanteros Tévez y Morata llevan toda la responsabilidad goleadora. A la contra, eso sí.

Hambre

Doce años hasta regresar a la élite europea. La Juve era uno de los equipos más temibles en Europa hace dos décadas. Hasta el punto de que consiguió jugar cuatro finales de Champions en las ocho ediciones que transcurrieron entre 1996 y 2003. Pero todo se fue al traste a partir del 2006, con el célebre Moggigate que sacó a la luz la corrupción del fútbol italiano y que acabó con su descenso a la Serie B. Solo pasó un año en Segunda, pero no volvería a ganar un Scudetto hasta el año 2012. Fue volver a besar la gloria italiana y no parar hasta la actualidad, aunque Europa siguió resistiéndosele hasta esta edición. De las ocho pasadas campañas, solo logró la clasificación en cuatro, quedando eliminado en la fase de grupos en dos ocasiones (2010 y 2014), una en octavos (2009) y otra en cuartos (2013). Por tanto, el club llega con hambre a la cita de hoy. El retorno a lo más alto.

Cambio de sistema

Allegri descubrió la mágica fórmula del 4-3-1-2. Antonio Conte abandonó el club turinés en pleno mes de julio, por lo que su relevo, Massimiliano Allegri, lo tuvo complicado para encajar las piezas del puzle que quería. Pasó como segundo de grupo la primera fase tras el Atlético de Madrid, pero dejó ver dudas a la hora de mantener una idea de juego. Fue a partir de entonces, empujado por la irrupción de Álvaro Morata, cuando encontró el 4-3-1-2. Un sistema que permitía a Pirlo quedar liberado del trabajo defensivo, Vidal podía explotar su llegada y Tévez encontraba un socio de su altura.

Difíciles de batir

Un engranaje defensivo casi perfecto. A veces, los números hablan por sí solos. El Juventus solo ha encajado siete goles en la presente Champions League; y eso que ha sufrido un total de 109 tiros a puerta. Es decir, hacen falta 15,5 disparos para superar a Buffon, la mejor marca del campeonato. Estadística que no es casual, puesto que en la Serie A se repite más o menos la historia, ya que en los últimos cuatro títulos de Liga ganados ha recibido una media de 22 goles en contra por temporada, 0,59 por partido. Un rigor defensivo que le ha permitido perder únicamente diez encuentros en este lustro. La mala noticia para los turineses es que hoy no contará con Giorgio Chiellini. Además de la línea de cuatro zagueros, destaca la aportación de los mediocentros Claudio Marchisio (todo apunta a que ayudará a Barzagli y a Evra a enjaular a Messi) y un Pogba que despierta el interés de media Europa.

Ataque

Tévez y Morata, dos puntas a la carrera. Tanto en octavos como en cuartos, el Juventus desplegó un fútbol basado en la defensa y el contragolpe. Contra el Madrid, en semifinales, se vio obligado a tener más el balón; pero no parece que esa sea la idea para hoy, si todo transcurre bajo el guion normal. Tévez y Morata son las principales armas para jugar de esta forma. A la carrera. Además, llegan a la cita en estado de gracia ya que de los 16 goles que el equipo marcó esta temporada en Champions, siete fueron del argentino y cuatro del español.

La brújula

Pirlo, amo y señor de los partidos de la Juve. Acaba de cumplir 36 años, pero sigue demostrando que tiene una calidad que solo algunos elegidos son capaces de alcanzar en algún momento de su carrera. Es la brújula del equipo, el que marca el ritmo, el que se ofrece a los centrales para ayudar a sacar el balón jugado desde atrás. Además, tiene un guante a la hora de ejecutar las acciones a balón parado. El Barça no debe dejarle opciones para que tire faltas.