Orden y talento, en ese orden


Es sobradamente conocida la anécdota que cuenta Cañizares de su etapa en el Valencia, en un partido contra el Real Madrid. De eso hace un par de lustros, cuando eran muy pocos los que se preocupaban por saber el número de kilómetros recorridos por cada jugador. Entre ellos, Rafa Benítez, que al repasar los datos comprobó que el portero había sumado más metros en su cuenta que Ronaldo, el delantero brasileño del conjunto blanco. Viene al caso el episodio porque ejemplifica una de las cualidades que distingue la trayectoria del nuevo entrenador merengue: es un técnico de laboratorio, un apasionado de la táctica, convencido de que la capacidad de mejora de un equipo está muy ligada al método. Podría hacer suya la definición de fútbol que en su día sintetizó Arsenio en una sentencia: orden y talento. Por ese orden.

Quizás esa sea la gran diferencia con su antecesor en el cargo, porque Ancelotti apostó primero por el talento, y después intentó dar con el método. Pero no terminó de encontrar el equilibrio que persiguió con denuedo, sobre todo en el juego sin balón.

Con Benítez el Real Madrid da un volantazo. En los equipos en los que ha estado el protagonismo colectivo no ha sido menor que el de las individualidades. Y con el tiempo también ha ido reparando en que Ronaldo, el brasileño, no necesitaba hacer muchos kilómetros para llevar el balón a la red.

Cuando el club puso su ojos en Benítez, probablemente lo hizo por ese perfil metódico y estudioso, sin reparar en que nació en Aluche, se forjó como jugador y como entrenador en la vieja Ciudad Deportiva, conoce la casa y se sabe ante una oportunidad soñada. Es un valor añadido, aunque no figurará en un balance.

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