Un líder en cuarentena

Dos tripulantes del «Abu Dhabi», el barco que comanda la Volvo Ocean Race y en el que regatea el gallego Chuny Bermúdez de Castro, permanecen aislados por un virus

Abu Dhabi Ocean Racing Volvo Ocean Race

redacción / la voz

«Es una noche oscura. No hay luz de luna, no hay luces de cubierta, el océano está negro como el hollín y el frío te entumece. Navegamos en silencio hacia el este y no pensamos en Lisboa. Solo en seguir vivos». El relato pertenece al reportero enrolado a bordo del Abu Dhabi, el barco que lidera la Volvo Ocean Race y en el que regatea el coruñés Roberto Bermúdez de Castro, Chuny. Al comienzo de la séptima etapa, la que une Newport con Lisboa, dos de los tripulantes comenzaron a sentir que sus fuerzas se agotaban, que, poco a poco, su organismo bajaba de revoluciones. «Parko y Adil están enfermos. La taza del café del primero está en cuarentena, la hemos marcado con cinta amarilla. Puedes ver su cara de dolor cuando tose y apenas habla. Adil prácticamente no puede comer, y está perdiendo energía», agregaba Matt Knighton en su diario.

Con más de 2.000 millas náuticas -de las aproximadamente 2.800 de las que consta este penúltimo parcial de la famosa regata transoceánica-, el patrón del Abu Dhabi, Ian Walker, decidió que debía aislar a esos dos hombres. No podía correr el riesgo de que el virus se extendiese por el barco. Rápidamente tomaron medidas. Las que le permite la convivencia de nueve personas -ocho regatistas, más el reportero- en un velero de 20 metros de eslora, 5,6 metros de manga (ancho) y poco más de metro y medio de alto. A partir de ese momento, Parko y Adil no compartirían literas con sus compañeros, lo que obligaba al resto a dormir encima de las velas de repuesto que se apilan sobre el carbono o sobre los sacos de comida liofilizada. Tampoco subían a cubierta para hacer guardias, con lo que el rendimiento del equipo descendió notablemente.

«Si el Dongfeng -su principal rival para la victoria final- supiese lo vulnerables que somos...», murmuraban en el barco de Chuny, que, pese a las dificultades, siguió plantando batalla a la flota. De hecho, con el 25% de su tripulación fuera de combate, Walker consiguió incluso ponerse al frente. Sin embargo, ahora su única obsesión es vigilar al Dongfeng. Si se suelda a su popa en lo que falta de Volvo Ocean Race, podrá levantar a finales de junio en Gotemburgo el prestigioso trofeo de quienes han sido los mejores en dar la vuelta al mundo con escalas. Recibirían el justo premio a su regularidad, a saber ir rápido y gestionar el material.

«No estamos intentando ganar esta etapa. Brunel -el barco holandés- está en una buena posición para hacerlo, estamos intentando ganar la regata, y para ello tenemos que cubrir a Dongfeng», recalcan desde a bordo de la embarcación con pabellón emiratí. «Ian [Walker] siempre nos ha explicado su estrategia claramente. Acabar todas las etapas entre los tres primeros, y luego, dar el empujón final por el oro. Esta etapa es ese empujón. Dongfeng -continúan- se llama Equipo 1 en nuestro AIS (un sistema de identificación automática que llevan los barcos). Es el único que nos importa».

Además del virus que les ha atacado, en los próximos días se enfrentan a otro peligro, el anticiclón de Santa Helena, que los dejará prácticamente sin viento.

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