EQUIPO con maúsculas

Rocío Candal
Rocío Candal DIARIO DE UNA FUTBOLISTA

DEPORTES

27 abr 2015 . Actualizado a las 16:56 h.

Hace ya unas semanas que a mi pluma se le acabó la tinta... El penúltimo sprint del curso ocupó mi mente y de un modo u otro se llevó con él mis ideas y tiempo... Queda ya un reducido espacio temporal para encarar la recta final: los exámenes definitivos de clase y de la temporada, y es momento de aprovechar aún más, si cabe, cada décima de segundo.

En todo este tiempo pudimos celebrar diversas victorias, algún buen empate y contables derrotas. Lo habitual. Después de 26 jornadas, más de nueves meses de trabajo, 4000 km en autobús... Llegó el último hotel, la última concentración, el último bocado de la Liga... la guerra, la derradera batalla, el desenlace definitivo... Se me ocurren mil nombres para definir al encuentro de ayer, pero para acortar otra décima al crono, lo llamaré "el partido". Un punto nos separaba de la ansiada permanencia, el valor de un empate era la diferencia entre ser un año más de Segunda División o caer al pozo.

Futbolísticamente podría decir muchísimas cosas. Primero, porque esta permanencia recibió ayer su sentencia pero si hablamos de su origen, este se remota a capítulos anteriores: la fe de Sárdoma o Friol, el calor fiel de unos familiares incansables, los abrazos después de una derrota, el grito de rabia tras un fallo, el frío invierno de la Torre... Detalles que fueron forjando, de un modo u otro, a este grupo, y que hacen que hoy estemos hablando de un nuevo objetivo cumplido. Segundo, porque nadie creyó más en sí mismo que este vestuario, que en el año del regreso nunca llegó a habitar los puestos de descenso.