Es una estampa clásica de cada verano. Cuando la carretera se empina y la línea de meta se acerca, el apasionante Tour de Francia, uno de los más bellos espectáculos deportivos del planeta, completa su selección natural. Los gregarios bajan la marcha pensando en reservar piernas para la siguiente etapa, los sprinters solicitan la bombona de oxígeno, o directamente se bajan de la bicicleta, y solo los corredores más fuertes de cada edición continúan en vanguardia, formando el grupeto delantero. Pero hay un tipo de ciclista que cuando parece que se descuelga de forma definitiva, saca fuerzas de donde no las tiene y se vuelve a reenganchar al grupo. Hacer la goma, que le llaman los especialistas.
El Compostela lleva toda la temporada haciendo la goma. Las pocas veces que los favoritos tropiezan, el Compos pedalea hasta asomar la cabeza. Pero como si de un espejismo se tratara, cuando el oasis se encuentra a un puñado de puntos, el Guijuelo gana, el Logroñés remonta en el último minuto y el Racing golea. Y de un plumazo desaparecen el agua y las palmeras, y ya solo nos queda poner cara de póker para tratar de engañar a los de adelante.
A estas alturas del curso, a falta de ocho jornadas para la conclusión del campeonato, tan solo un milagro del mismísimo apóstol Santiago lograría meter al Compos entre los cuatro primeros. La distancia es más que importante (9 puntos más el golaverage), hay varios equipos metidos en el ajo, estos equipos acostumbran a dejarse pocos puntos por el camino y la propia SD Compostela no está sumando con la contundencia que se requiere en un escenario tan adverso. Al conjunto de Iñaki Alonso no se le puede exigir mucho más durante esta segunda vuelta. Sobre todo desde la reincorporación al grupo de Álvaro Lemos y los excelentes fichajes de Iván Pérez y Yacine. A la espera de que el apóstol decida poner palos en las ruedas en el grupeto de cabeza, solo queda mirar al horizonte y seguir pedaleando. Pedalada a pedalada. Partido a partido. Jamás bajarse de la bicicleta.