El enfado de Messi

Raúl Caneda

DEPORTES

21 mar 2015 . Actualizado a las 16:39 h.

Hace apenas tres meses todo en torno al Real Madrid desbordaba optimismo. Dirigido con tino por una mano sabia todo en torno al equipo parecía armonía. Mientras tanto, el Barça atravesaba una guerra civil que se catalizó el día en que Messi alargó sus vacaciones de Navidad más de lo debido y su entrenador decidió que llegar dos días antes de un partido no era de recibo. Hoy aquella situación ha cambiado por completo y la realidad es que no sabríamos decir muy bien el porqué. Lo habitual para entrenadores y opinadores sería hacer pueriles análisis tácticos que desentrañarían con precisión los misterios del cambio. No dejan de ser banales exhibiciones que solo guardan relación con aparentar saber.

Lo que sí es difícil de obviar es que desde que Messi se enfadó ha sido capaz de decirle a todo el mundo -con un juego asombroso- que lo mejor es que sea él el que ponga las reglas. A partir de aquel conflicto con su técnico, estamos viendo una de las mejores versiones de Messi, repartiendo fútbol y felicidad a partes iguales, siendo definitivo para el gol y para el juego a un nivel para la historia.

Respecto al Madrid, una vez que la armonía y la energía abandonaron su juego, se evidenciaron las debilidades que antes ya se vislumbraban. Ver a jugadores de talla mundial que no se alegran de los goles de sus compañeros o que no hacen el mínimo esfuerzo defensivo cuando han jugado de lateral la mayor parte de su carrera nos indica que algo no marcha bien en el complejo ecosistema emocional blanco.