Te odio, pero te necesito

Francisco Balado Fontenla
Fran Balado AVANTI COMPOS

DEPORTES

12 feb 2015 . Actualizado a las 14:52 h.

Para prosperar se necesitan buenos amigos. Con ellos se comparten y saborean mejor las alegrías. Y en ellos se encuentra refugio tras los golpes y las decepciones de la vida. El mejor sitio para lamer las heridas a salvo mientras uno se recupera para la siguiente batalla. Pero si los amigos son importantes para crecer, aún lo son más los enemigos; casi imprescindibles. Y el fútbol está repleto de ejemplos. 
Como dos enamorados de instituto, Real Madrid y Barcelona se necesitan el uno al otro cada jornada. Sin el otro, sus leyendas serían mucho menores. Puede que incomprensibles. 
En Argentina, los hinchas de Boca Juniors festejaron el descenso de River Plate a la B como si no hubiese mañana. Pero el mañana llegó, y allí no estaban los gallinas, y solo entonces se dieron cuenta de que el próximo curso aspirarían a dos títulos menos, porque el clásico del Río de la Plata, el trofeo más importante para un buen bostero, no tendría lugar. Jamás lo reconocerá, pero seguro que alguno los echó de menos ese año. 
El derbi más señalado de Galicia es el Deportivo-Celta. Ningún otro encuentro hubiese sido capaz de embarcar en un autobús de peñistas al lateral derecho del equipo -fuera de la convocatoria por lesión grave- para camuflarse malamente en la grada y faltar al respeto a los aficionados locales. 
Una de las rivalidades que más ha engordado en el fútbol gallego durante los últimos tiempos ha sido la del Racing de Ferrol y la SD Compostela. Hace dos años coincidieron como gallos en un mismo corral para acabar ascendiendo de la mano a Segunda B. En sus enfrentamientos siempre han aflorado todas las características presentes en los partidos de máxima rivalidad: polémica (Vela se aprovechó de un fuera de juego de 30 metros), bochornosa violencia (botellazos en los aledaños de A Malata), igualdad, expulsiones, tensión, emoción, goleadas y disgustos. Por si no fuese suficiente, el Racing dinamitó el mercado de verano fichando al delantero centro del Compostela. 
Salvando los botellazos, este tipo de detalles son los que alimentan la rivalidad. Y esta rivalidad la que lleva a los aficionados a lanzarse a la carretera, a sobremesas breves por miedo a llegar tarde al campo y a rascarse el bolsillo para pasar por taquilla. Y a los futbolistas a dormir poco y mal la noche antes del partido, y peor la siguiente. Y a los equipos a seguir mejorando sin tregua. No hay nada como escuchar al vecino arreglando su jardín para calzarse las botas y arrancar el cortacésped. Un «te odio, pero te necesito».