Wang Jianlin

Gaspar Rosety LA VOZ

DEPORTES

El fútbol español está cambiando. Desde hace algunos años, falsos magnates, que luego resultaron verdaderos mangantes, se hicieron con algunos clubes modestos de nuestro país. Ahora, parece que lo que llegan son empresarios con verdadero potencial económico, caso de Peter Lim en el Valencia y, el más reciente, el del chino Wang Jianlin en el Atlético de Madrid.

Alguien convenció a Jianlin para que comprara el edificio histórico del hotel Plaza de Madrid al Banco Santander y quien le aconsejó las inversiones en la zona. Y, por supuesto, alguien ha jugado un papel fundamental para que el dueño del grupo Wanda haya puesto sus millones de euros sin vértigo alguno en el club del Manzanares.

Wang Jianlin ha hecho una operación que debería explicarse en la Facultades de Ciencias Económicas y Empresariales. Ha puesto cuarenta y cinco millones de euros por el veinte por ciento de una sociedad que acumula una deuda de ciento cincuenta. Las ventajas tienen que ser innumerables y su puesto 40 en el ránking Forbes asegura una cierta dosis de optimismo. El respaldo social, ciudadano, deportivo y societario del Atlético tiene un valor superior, muy superior, al de su deuda. Y hoy es el club de moda en el mundo. Es cierto que Lim ha comprado la mayoría y Wang una parte pero ambos representan el poder económico y financiero. El Valencia goza de la cercanía de Jorge Mendes. Del inversor chino sabemos menos, de momento.

Ahora, se plantea el debate del modelo de fútbol que queremos. Nadie tiene muy claro si prefiere para su club, un administrador local, con cariño al terruño y amor por los colores, que defienda a los jóvenes valores de la cantera o si, por el contrario, se opta por el millonario extranjero de turno y que invierta sus millones en sonoros fichajes que cerrarán el paso tanto a la juventud como, quizá, a la identidad de nuestros equipos. Sin duda alguna, nos encontramos ante una operación de la que se derivan suficientes motivos para una serena y profunda reflexión.