Lendoiro, un problema que aún sigue ahí


Quienes han sufrido de una u otra manera las amenazas de los violentos, no se han sorprendido lo más mínimo al ver a Lendoiro rodeado de ultras en el entierro del riazor blues muerto por radicales del Atlético. Para ellos, no era necesaria esa fotografía del expresidente del Deportivo para demostrar la complicidad que siempre tuvo con los extremistas blanquiazules.

Lendoiro amamantó a los Riazor Blues y se preocupó mucho de que siempre estuvieran cómodos. Por ello disponían incluso de local propio dentro del recinto. Nunca se ha demostrado que les pagara desplazamientos o entradas, pero siempre ha existido la sospecha de que desde la propia entidad blanquiazul se les facilitaban las cosas. Por eso no extrañó que en su despedida recibiera una placa de algunos veteranos de guerra del grupo radical coruñés. Ayer, de alguna manera, su asistencia al entierro agradeció el apoyo que siempre le otorgaron.

Pero su presencia va más allá de lo que puede considerarse una legitimación de la banda ultra. Como expresidente mostró una enorme deslealtad al Deportivo. Mientras Tino Fernández sufría incluso pitos y peticiones de dimisión en Riazor por tener que cerrar la grada de los Blues, él tensó la cuerda al límite con su respaldo público a quienes ocupaban esa localidad. El Deportivo está en un momento tremendamente delicado porque se ha visto envuelto en un suceso de máxima alarma social. Está en el ojo del huracán y solo faltaba que le pusieran palos en las ruedas.

El presidente de la Liga se ha quitado de encima un problema cesando al embajador, pero el Deportivo todavía lo padece porque Lendoiro sí que pensó siempre que el club era su juguete.

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