Un circuito exigente bajo el calor sofocante

Saleta Castro

DEPORTES

11 oct 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Dos factores convierten al IronMan de Hawái en una de las pruebas más exigentes del mundo: el intenso calor y la sofocante humedad. Desde las primeras brazadas, con una temperatura del mar en torno a los 28 grados, los triatletas empiezan a sentir el extraordinario desgaste que padecerán en esta cita legendaria con la que muchos no paramos de soñar.

Además, los 180 kilómetros sobre la bici son también especialmente duros, porque transcurren a lo largo de un circuito de ida y vuelta con constantes repechos, pero que no tienen el porcentaje suficiente como para dejar el acople, y en un paraje donde no hay ni una sola sombra. Aquello es un desierto de lava en el que el viento entra siempre de costado. Esas rachas no permiten ni un solo segundo de respiro, ni un momento para guardar fuerzas antes de afrontar el maratón, el tramo donde se decidirá la carrera.

Pero si una ventaja tiene Iván con respecto a cualquier competidor es su predisposición a aguantar el sufrimiento. Sabe como ninguno sortear esos muros que van apareciendo en una competición de esfuerzo sostenido, de larga distancia. Por mi experiencia, hay dos instantes que marcan para bien o para mal un IronMan.

El primero aparece del kilómetro 120 al 160 de la bicicleta. Allí surgen los indicios de fatiga. La cabeza entra en juego. Comienza a tirar de los músculos. Si no estás convencido, si no estás concentrado, se te escapará la carrera. Y el segundo llega entre los kilómetros 21 al 30 del maratón. Lo pasas realmente mal. Pero si sabes guardar e hidratarte y mentalizarte de que queda un último impulso, luego podrás apretar entre el 30 y el 42 en los que se suele ganar.