Un monumento de tres semanas

El duelo entre Froome y Contador, principal atractivo de la ronda gala que parte mañana de Leeds


Redacción / La Voz

Todo el mundo lo sabe, es un secreto a voces, pero tendrá que ratificarlo sobre el gris oscuro del asfalto durante 21 días y 3.644 kilómetros. El Tour de Francia arranca mañana desde Leeds (Inglaterra) y Alberto Contador semeja haber recuperado la magia que lo convirtió en el ganador de cinco grandes. Su baile ágil y vigoroso sobre el manillar cada vez que la carretera encuentra una pendiente ha lucido este año como en pocas ocasiones. Sin duda, no es el de la pasada temporada, aquel que regresó tras la sanción por dopaje y que liberó una versión apocada de lo que hasta ese momento había ofrecido encima de los pedales.

«Llego en la misma forma que en el 2013, pero eso no es una garantía porque todos mis rivales están más fuertes. Contador, por ejemplo, es el gran rival, ha subido el nivel con respecto al año pasado y creo que para ganar habrá que luchar hasta la última etapa». El salto de categoría del ciclista de Pinto ha encontrado un hueco en los temores del vigente campeón, el británico Chris Froome. Los dos protagonizaron un brillante duelo a mediados del mes pasado en la Dauphiné. Froome triunfó en la contrarreloj y en la segunda etapa cuando Contador entró soldado a su rueda. Pero en los dos últimos días fue Contador el que desplegó su recital.

En la octava etapa, la definitiva, el español arrancó en solitario a 25 kilómetros de la meta en el Col de Montagny. Aventajó en más de un minuto al corredor nacido en Nairobi, pero terminó perdiendo el maillot de líder. La emboscada planeada por el Sky había funcionado a las mil maravillas. Habían dejado al madrileño sin equipo, indefenso, con una escapada comandada por el también Sky Mikel Nieve y a la que se sumó, entre otros, Andrew Talansky del Garmin, bien colocado en la general. Camino de Courchevel a Froome, que había sufrido una caída días antes, le fallaron las fuerzas para irse hacia adelante, para inquietar al hasta entonces líder. A Contador, que se había vestido de amarillo en la víspera, le abandonó el bloque. Saltó desde atrás para buscar una hazaña y se quedó a medio camino. Pero su cadencia asustó al que será en el Tour su principal contrincante.

La ronda gala será el terreno perfecto para continuar, con permiso de Alejandro Valverde y de Vincenzo Nibali, la batalla iniciada hace algo más de 15 días en la Dauphiné. La organización se ha abonado al estilo que tan buenos resultados está dando a la Vuelta a España. Con recorridos diferentes, espectaculares, cortos y explosivos. En este sentido habrá 11 etapas entre media y alta montaña, con cinco finales en puerto, y una etapa que desprende aroma a clásica. Será la novena. En ella la serpiente multicolor atravesará 15 kilómetros de pavés por los que se transita habitualmente en la París-Roubaix. Es el particular homenaje del Tour al centenario del comienzo de la Primera Guerra Mundial, en la que los carros de combate se adueñaron de una ruta habitual de las dos ruedas. Aquel tráfico pesado, que desfiguró la mayor parte de los caminos, la acabó convirtiendo en el Infierno del Norte. Pero tampoco faltarán ascensiones clásicas como el Col D?Izoard, Peyressourde, Hautacam o el Tourmalet. Por delante, tres semanas de ciclismo en estado puro.

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