Con los rescoldos de la temporada 13/14 aún humeantes, el baile de renovaciones, bajas, rumores y nuevos fichajes de la plantilla de la temporada que viene comienza de inmediato. Una lista de bajas en la que es inevitable que haya nombres que entristecen, aunque sea el peaje a pagar para que entre aire fresco y conseguir una mezcla equilibrada de jugadores que conozcan usos, costumbres y patrones de juego setienianos con otros que aporten savia nueva al engranaje futbolístico lucense. Muchos echaremos de menos a los Pablos, Sánchez y Álvarez, que con altos y bajos en su rendimiento, se convirtieron en referentes por su profesionalidad y entrega. Una grada que, como ya reflejamos en numerosas ocasiones, empuja y apoya incondicionalmente. 3.500 son los que se vuelcan cada dos semanas. Cierto. Que los que bajamos al campo lo hacemos siempre creando una masa estable de aficionados. También. Que la movilización de lucenses por España adelante para seguir al equipo allá donde juegue es como para sentirse satisfecho. Seguro. Que nunca tantos emblemas rojiblancos en forma de camisetas, chaquetas, banderas o pegatinas se habían visto por la ciudad reflejando un orgullo superlativo por lo nuestro. Así es. Pero los números sentencian: 3.690 fue la media de asistencia al Ángel Carro durante la pasada temporada. Cifra que se reduciría a 3.400 si tenemos en cuenta los 4.000 coruñeses, 1.000 sportinguistas y 800 bercianos que acompañaron a sus respectivos equipos. 3.400. Es la realidad, guste o no. Con 4.000 socios escasos y afluencias muy estables independientemente del rival, una cosa es evidente: siempre bajamos los mismos. Esa raquítica y escasa cifra es la que nos coloca quintos por la cola en asistencia de toda la competición. Si bien es cierto que la mayoría de equipos que nos superan pertenecen a ciudades de gran tamaño, también lo es que los 3.000 que acuden a ver al Numancia o al Eibar equivaldrían a 8.000 en Lugo. Demoledor. Por tanto, lo propio para comparar con un cierto rigor sería hacerlo con un contexto similar. Y eso lo encontramos en el Breogán y su estancia en la élite del baloncesto nacional. Una cifra de socios que oscilaba entorno a los 4.500 con asistencias medias de 5.000. Eran otros tiempos, pero la ciudad sigue siendo la misma. Siendo mejorable la política de captación y fidelización de nuevos aficionados por parte del club, una lección queda clara: cualquier club con un respaldo social débil gozará de una salud incierta.