La autocaravana, pasaporte a cualquier playa, fue durante varias etapas de su vida su hogar. Tanto que si se encuentra lejos del mar siente que está perdiendo algo
29 mar 2014 . Actualizado a las 13:02 h.Cuando duerme sin el runrún del mar, no descansa igual. Habituada a oír el latido del océano desde su autocaravana, donde basta levantar la vista para ver si vale la pena bajar al agua, durante años hizo del vehículo su hogar para remar al pico al amanecer, antes que el resto, evitar aglomeraciones y bañarse casi en soledad. Ahora (Irún, 1976) vive medio varada en Pantín (Valdoviño), kilómetro 0 del surf gallego, porque enlaza etapas en su casa y otras en la autocaravana. Siempre detrás de las olas, compás que marca el ritmo de esta fisioterapeuta vasca, doble campeona de Europa de surf y longboard.
Conoció Galicia «en un surfari por Portugal con unos amigos que terminó en Pantín». «Acostumbrada a la masificación del País Vasco y el sur de Francia, me sorprendió que no había tanta gente», explica Estremo. Luego estudió Inef en A Coruña porque tenía mar. Y ya se quedó en Galicia.
La autocaravana es el tótem de los surferos, pero Estremo la hizo su casa durante varias etapas de su vida. La primera se la brindó la marca Reef para que montase una escuela itinerante. Después compró una de segunda mano, y ahora hace de una Ford que hoy cuesta unos 52.000 euros su hogar a tiempo parcial. El espacio se aprovecha como un Tetris donde hay de todo: televisión, cocina, fregadero, horno, baño, cama, mesa, compartimento para tablas y neoprenos y hasta garaje para su moto. Tiene agua caliente y calefacción. «Solo falta lavadora», explica acompañada por su palleiro Johnny.
«El que es surfero hace girar su vida en torno al surf y sacrifica el resto. Seguiré hasta que el veneno esté ahí. La furgo me permite arrancar cuando quiero a cualquier playa, dormir la víspera y estar en el agua a primera hora. Como trabajo por las tardes, al salir ya me marcho a donde sé que habrá buenas olas al día siguiente. O me voy todo el fin de semana».
Veneno y ansiedad por saber como está el mar a cada rato. «Esto es solitario hasta cierto punto, porque en cada playa conoces gente. Dormir con el ruido de las olas es único. Ahora veo que me acostumbré, y en una casa estoy como nerviosa, mientras que en la caravana sabes que no te estás perdiendo nada». Al fondo, el placer de llegar la primera al agua. «En Galicia no hace falta madrugar porque no hay masificación. Pero en verano me puedo levantar a las seis y media o siete». Mientras prepara el café, Estitxu sigue de reojo el mar desde la ventana de la autocaravana. Un espectáculo solitario en invierno en Galicia: «Hay parajes increíbles y tantas playas que, sea cual sea el viento, siempre tienes un pico cerca».
Dejó de competir hace más de un año y no la añora. «Al final, en una fecha y un sitio determinado, no siempre aparecen las mejores condiciones. Lo bueno eran los viajes, con Mariam Imaz y Claire Karabastos. Íbamos detrás de las olas. Sigo haciéndolo».
Alérgica a localismos -«me siento de todos lados»-, tiene morriña del País Vasco y Galicia a partes iguales cuando los tiene lejos, y prefiere el mar a la playa. «No me van la farándula ni el pasteleo de la gente que solo saca a pasear la tabla porque ser surfero ahora es guay. Me quedo con las sensaciones en el agua. Me lo ha dado todo», comenta mientras planea crear su propia escuela junto a David Pardo.