El 23 y la teoría de la relatividad


Suspendido en el aire, por encima de convencionalismos como el espacio y el tiempo. Así habita la eternidad Michael Jordan, que fue al baloncesto lo que Albert Einstein a la teoría de la relatividad. Unidos ambos por esa lengua fuera, el mito cuando emprendía el vuelo hacia canasta y el Nobel en la simpática imagen que le inmortalizó en miles de camisetas.

No hay tiempo suficiente para borrar la huella de Jordan en el imaginario del deporte mundial. Por eso sigue ahí suspendido en la memoria de nostálgicos, aficionados y hasta niños que encuentran sus mates imposibles a golpe de clic en Youtube, un invento como nunca hubo otro para traer al presente el vuelo de las grandes leyendas del pasado.

La NBA se debatía en los primeros ochenta entre el bipartidismo de Larry Bird y Magic Johnson, entre Celtics y Lakers. Y la llegada de Jordan iba a terminar zanjando el debate por elevación -con el 23 de los Bulls, no podía ser de otra manera- porque su impacto fue tal que elevó a la liga a cotas por encima de las que había vivido hasta entonces. El más espectacular entre los jugadores espectaculares, también era esta vez el mejor de todos. Por sí misma su imagen disparó el potencial de Nike como máquina de hacer dinero en todo el mundo, relegando al batallón de figuras con el que Converse dominaba el mercado de las zapatillas deportivas.

Jordan hizo campeón a los Bulls, se volvió humano con el pecado de soberbia de probar como jugador profesional de béisbol y volvió para reinar de nuevo y dejar la más apoteósica despedida posible -al margen del epílogo en los Wizards-, con aquella canasta decisiva que valió el sexto título para Chicago.

Arnold Palmer, otro de los exdeportistas mejor pagados, convirtió el golf en un espectáculo gracias a su carisma en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. El baloncesto ya era un juego maravilloso antes de Jordan, pero en la época del vídeo clip consiguió elevarlo con imágenes para hartar hasta convertirse en un personaje más de una película de dibujos animados. Así jugaba al baloncesto, así continúa haciendo una fortuna pese a estar retirado, como el Cid ganaba batallas después de muerto.

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