Balón de Oro: Un premio devaluado

Raúl Caneda

DEPORTES

Todo lo que ha sucedido con la designación del nuevo Balón de Oro ha puesto de manifiesto que el premio se ha convertido en un ejemplo más de la mercadotecnia que está devorando el fútbol. Antes era un reconocimiento bonito, no un espectáculo para inflar egos y generar debates ficticios. Hasta tal punto se ha transformado en un show que se lo podría llevar un jugador cuyo gran mérito es no haber ganado nada pese a formar parte de un club gigante. Suena muy exuberante haber marcado 50 goles, pero la realidad es que es en una Liga donde hasta tres equipos -que no son hegemónicos en Europa- están capacitados para hacer 100 puntos, lo que demuestra las diferencias abismales con respecto al resto. Se han consumido ríos de tinta en una guerra de poder entre marcas en la que hasta se han llegado a modificar el plazo de las votaciones. Con este contexto, no parece importante si lo merece Cristiano, Messi o Ribery. El debate no tiene sentido.

Y existe un peligro evidente en convertir el premio en algo solo individual, en desvestirlo de los resultados del colectivo, y es que los futbolistas comiencen a competir por coleccionar estos trofeos y no para que sus respectivos equipos ganen. En realidad, es algo que ya se está viendo cada jornada de Liga. Por eso, se señalan su nombre en la camiseta cada vez que anotan un gol. Es una reivindicación personal, un fruto del nuevo fútbol donde pesa más la imagen del jugador que el escudo que defiende. Ceremonias de este estilo provocan que sus protagonistas se crean con derecho a reivindicar una revisión de contrato cada siete meses o a asociar su felicidad a cosas que nada tienen que ver con el equipo, con lo que representa un grupo de compañeros. Nada que nos haga recordar la grandeza del egoísmo altruista de un Maradona o un Platini. Ellos sí sabían que lo único importante eran los festejos de su equipo en forma de títulos. Eran los mejores haciendo mejores a sus compañeros. Pura esencia.