El juego de los errores. Dos temporadas atrás, en su anterior experiencia en Segunda División, el Deportivo caminó por la categoría sin temor a equivocarse, consciente de que su potencial residía en la capacidad para marcar la diferencia con el talento y la pegada, en acumular más aciertos que errores. Entonces tenía más que otros. Veinticuatro meses después -cosas de la descapitalización económica y deportiva-, el conjunto coruñés juega a no equivocarse. Ni acumula la pegada de antaño ni anda sobrado de talento. Con menos capacidad de respuesta, solo puede sumar sin riesgos y Fernando Vázquez ha llevado al extremo el rigor táctico. Maneja el cuadro coruñés los partidos desde su parcela, desde la seguridad defensiva y la experiencia; huye de la ida y vuelta sobre la que cimentó su anterior ascenso y suma con los errores ajenos.
Así se ha aupado al liderato. Nadie hasta ahora es tan regular como el cuadro coruñés y ningún otro rival saca tanto rendimiento a sus ocasiones, pero, sobre todo, el Dépor es el que menos se equivoca.
Tiene además el conjunto de Fernando Vázquez la virtud de anular a cada uno de sus rivales, de reducir sus partidos a un ejercicio de paciencia y convertir cada cita en una tortura difícil de asimilar. Aunque sin brillo y con menos fútbol que oficio, el Dépor no lidera la categoría a golpes de fortuna. Lo suyo tiene más que ver con el trabajo y el sabio control de las situaciones. Escaso a veces para el triunfo, pero suficiente para sumar, aunque, como ayer, sea de uno en uno. Así es la nueva Segunda División.