Derrota del Deportivo en Éibar por 2-1, marcador que un amplio sector no esperaba, entre otras razones, porque el equipo coruñés venía acreditándose como un líder sólido, tanto que ayer en La Voz de Galicia se destacaba tal condición bajo un titular cierto, a la vez que triunfalista: «El Dépor seguirá de líder tras el empate del Recre en Girona». Un mensaje que además de confortar el ánimo de los seguidores deportivistas, también transmitía al equipo esa moral indispensable en el comportamiento que deben tener los líderes, jueguen en el campo que jueguen y frente al rival que sea.
Más aún en este caso del Eibar y de Ipurua, rival y escenario al que ingenuamente no se le consideraba capaz de frenar a un Dépor del que ya no recordábamos su último fracaso en esta Liga. Tenemos que remontarnos a noviembre, cuando señalamos una especie de maratón futbolístico en el que, tras hacerlo el Zaragoza, siguieron varios equipos doblando la cabeza frente al conjunto coruñés.
Confianza en la victoria
La confianza en ganar alcanzó tal nivel que no se contaba con el adverso resultado de ayer en Ipurua, campo que en los últimos días ocupó un lugar destacado en la actualidad deportivista. La derrota de Éibar no cuesta el liderato al Deportivo. Ni de momento, ni tampoco suponemos que en un plazo próximo, porque el equipo que entrena Fernando Vázquez se presentó en Éibar, creemos, convencido de que allí lograría vencer sin bajarse siquiera del autocar.
Realizaron el viaje plenos de un optimismo que en el fútbol hay que saber dosificar. Más juego y menos optimismo es la eterna recomendación.