Lendoiro acaba de cometer una de las tropelías más grandes de cuantas ha perpetrado en el Deportivo. La propuesta de convenio que ha presentado en el juzgado con una quita del 33 por ciento es de una deslealtad ignominiosa para con la entidad, y la prueba de que con tal de salvarse a sí mismo está dispuesto, incluso, a poner al borde de la liquidación al club.
El gesto de Lendoiro con la quita del 33 supone robar al Deportivo el derecho a que se depuren responsabilidades. La ley permite incluso que en el caso de los concursos culpables, los administradores de las empresas quebradas puedan tener que resarcir con su propio patrimonio a los acreedores. Si Lendoiro era culpable o no lo debería decidir un juez, pero privar al Deportivo del derecho a que se dirima tal asunto, es como para que reflexionemos sobre lo que está sucediendo y quiénes son los que lo están permitiendo.
La quita del 33 es tal desvergüenza que desacredita no solo a quien la presenta, sino a quien pueda participar como cómplice de semejante acción. Ha llegado un momento en que quizá el problema no sea Lendoiro, sino todo aquel que le está permitiendo mangonear a su antojo a pesar de su desprecio generalizado a las leyes. Puede que, ante el silencio cobarde de muchos, convenga recordar que quien ha presentado un convenio disparatado y claramente hecho para salvarse a sí mismo ha sido la misma persona que llevó el club a la ruina, que retrasó la solicitud del concurso contraviniendo las leyes, que no llevó libros de contabilidad, que cobraba el sueldo mientras dejaba de pagar impuestos, que falseó las cuentas, que colocó a sus hijos, que insultó a media ciudad y que siempre tuvo en el Deportivo un medio, nunca un fin.