El «bullying» salpica al deporte

Un escándalo de acoso en los Miami Dolphins conmociona al fútbol americano


redacción / La Voz

Después de casi dos años en los Miami Dolphins, Jonathan Martin explotó la semana pasada. Comunicó al club que abandonaba el equipo de forma temporal. No soportaba más las embestidas verbales de su compañero Richie Incognito, uno de los veteranos de la plantilla de esta prestigiosa franquicia del fútbol americano. El cuerpo técnico decidió apartar a Incognito mientras investiga un caso ya considerado como bullying. Pero el escándalo se ha magnificado de tal forma que amenaza con sacudir los estrictos códigos que rigen los vestuarios de este deporte. Normas trufadas de novatadas y humillaciones hacia los recién llegados, quienes si no se suman a la corriente, terminan apartados.

«Él es una persona sensacional. Se preocupa por la gente al máximo. Nunca le he escuchado una mala palabra o algo malo hacia alguien», comentaba ayer en el New York Times Andrew Phillips, uno de los amigos de Martin en la Universidad de Stanford, donde ambos estudiaron. Hijo de dos graduados por la ilustre Harvard, Jonathan, de 23 años, fue educado en un entorno en donde, en vez del sonido de un balón ovalado surcando el aire, predominaba las melodías de la música clásica. El perfil de Incognito, bien distinto: el de un chico duro, el de un ganador hasta las últimas consecuencias. De hecho, es conocido en la liga por ser uno de los más sucios sobre cualquier campo.

Quizás por el peso de su pasado, Incognito bautizó a Martin como Big weirdo (algo similar a un tipo raro). Pero no se quedó en el simple apodo. Según diversas fuentes, profería de forma habitual insultos hacia su socio en la muralla ofensiva de los Dolphins para proteger a su lanzador. Algunos de inclinación racista y que dejaba tanto en el contestador de su teléfono móvil como en mensajes de texto. También en las redes sociales presumió de sus bromas pesadas. Entre ellas, las de obligarle a pagar a los novatos cenas después de las derrotas o fiestas a las que incluso no asistían. Aseguran que Martin abonó más de 15.000 dólares por una juerga en Las Vegas en la que ni siquiera participó.

Sin embargo, numerosos jugadores y entrenadores de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL) no quieren que se mezclen las dos cuestiones. Este tipo de inocentadas, dicen, forman parte de la cultura de uno de los divertimentos favoritos de los estadounidenses, pero nunca atraviesan la línea de la agresividad y la humillación.

«En el momento en el que alguien siente que se le falta al respeto y que no puede ir a su trabajo y sentirse cómodo, ese es el punto en el que sabes que algo no se debe permitir en un vestuario», destacaba para el periódico neoyorquino el veterano de los Jets Willie Colon. «Todo el mundo las ha hecho», argumentaba Austin Howard, del mismo equipo, quien agrega: «Pero son algo divertido y que ayudan a construir la camaradería». Nada que ver con lo de Incognito.

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