Gómez Noya ejecutó esta temporada un plan para pulir su carrera a pie
01 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Tras cerca de dos horas de competición, en una mañana gris y terriblemente fría en un Londres donde el verano se empezaba a recoger, Javier Gómez Noya protagonizó el desenlace más apasionante que se recuerda en un mundial de triatlón. Un esprint a brazo partido con Jonathan Brownlee, el menor de los hermanos británicos, y que se decidió ya sobre la alfombra azul que anunciaba la línea de llegada. El último empujón del ferrolano lo transportó a la gloria. Toda la temporada resuelta en apenas un segundo. Una diferencia insignificante que, sin embargo, encierra la apuesta que tanto él como su entrenador, Carlos David Prieto, habían hecho al principio del año por ganar un punto de velocidad. Para ello, trufaron las habituales cargas de entrenamiento con ejercicios específicos de carrera desde el primer minuto y con preparación en el gimnasio para evitar descomposiciones posturales en máximo esfuerzo y tras fatiga, lo que le restaría rapidez justo en el momento que más lo necesitaría, a un paso de la meta. Por su cabeza ya rondaba la posibilidad de que varias citas se resolviesen por milímetros. Entonces los pequeños detalles cobraban valor de ley. Comenzaron el viaje hacia un 10.000 perfecto.
«Si alguien observa los últimos instantes de la carrera de Londres y se fija cómo Jonathan y Javi [Gómez Noya] disputan los últimos metros, pueden ver que el británico presenta una disociación importante entre los hombros y cadera», comenta el preparador del triatleta gallego. Esas descompensaciones restan aproximadamente de dos a tres kilómetros por hora y provocan la imposibilidad de mantener el pico de velocidad durante más tiempo. Algo que, como sucedió en agosto en Hyde Park, puede dibujar la fina raya entre la derrota y el triunfo. Por eso, Carlos David Prieto y Gómez Noya trazaron un plan para que «corriese más relajado en el miembro superior» a plena intensidad.
La base, en Fuerteventura
La primera parada de este programa comenzó en Fuerteventura durante los meses de enero y febrero. «El terreno arenoso y cambiante de la isla es idóneo para hacer el trabajo muscular de base. Realizamos tandas largas a poca intensidad. Se gana la resistencia que será fundamental para luego aguantar cuando te exprimes a fondo», incide el entrenador, quien agrega: «Pero, a diferencia de otras ocasiones, ya quisimos introducir algunas series de velocidad desde el principio». También iniciaron en paralelo la puesta a punto en el gimnasio. «Tratamos de fortalecer el abdomen y los escapulares -básicos para el control postural-, a través de ejercicios isométricos», dice.
Durante el mes de marzo, ya en Australia, arrancaron la segunda parte -que continuó hasta Londres-. «Llevamos a cabo la transferencia de ese trabajo de base hacia un 10.000 más rápido y con cambios de ritmo». Series y fartleks (combinación de ejercicios aeróbicos y anaeróbicos), el menú habitual. El resultado de la nueva receta es historia con mayúsculas.