Marque, el diamante que brilla a la luz

Pablo Penedo Vázquez
pablo penedo VILAGARCÍA / LA VOZ

DEPORTES

Marque, en el centro, ayer en el tradicional brindis de la última etapa con sus escoltas en el podio, Veloso-derecha- y Rui Sousa.
Marque, en el centro, ayer en el tradicional brindis de la última etapa con sus escoltas en el podio, Veloso-derecha- y Rui Sousa. volta a portugal

El gallego, ganador de la 75ª. Volta a Portugal, logra la recompensa merecida a una carrera en la sombra

19 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

«Con Marque non fixemos nada. Marque fíxose a si mesmo». El gerente de la Federación Gallega de Ciclismo, Ricardo Terceiro, es también posiblemente la persona que mejor conoce al Alejandro Marque corredor, que ayer disfrutaba de su merecido baño de gloria en la línea de meta de Viseu como ganador de la 75ª. edición de la Volta a Portugal. La Grandíssima. Y ayer, nada menos, había por primera vez en la tarima del podio dos gallegos. El propio Marque y el vilagarciano Gustavo César Veloso, amigo, compañero y también el llamado de partida a ser su jefe de filas en el OFM-Quinta da Lixa hasta la exhibición del estradense en la contrarreloj del sábado.

Que Ricardo Terceiro conozca a Marque como lo conoce no le viene de su cargo en la Federación, si no de haber sido la persona que en el 2000, cuando Álex peinaba ya 19 años, lo introdujo en el mundo del ciclismo de competición en las filas del C.C. Estradense. Trece años en los que el vencedor de la Grandíssima ha crecido y madurado bajo el encorsetamiento de un extraordinario gregario que, cual diamante apagado por la tierra en la que va tomando forma, consigue al fin mostrar su brillo natural en cuanto se lo saca a la luz.

Delantero centro del Callobre en su Estrada natal. A eso dedicó su adolescencia Álex Marque mientras muchas de las futuras figuras del ciclismo mundial llegaban a la mayoría de edad destacando nacional o internacionalmente tras años de formación. Ricardo Dios, compañero de peña ciclista con la que el padre de Álex salía a correr los fines de semana, estuvo por el medio cuando el hijo del dueño de una tienda de bicis se interesó al fin por ellas más allá de darse alguna vuelta esporádica.