Me gusta Dufner, un golfista que juega al viejo estilo, con mucha libertad de manos, olvidándose de tanto método y compitiendo con más naturalidad, pensando más en la bola que en el swing. Y el campo de Oak Hill estuvo precioso y respondió a lo esperado, un recorrido donde pegar bien la salida resulta fundamental cuyos greenes pequeños favorecen a los jugadores técnicos. Ahí estuvo Furyk, como esperábamos.
Dufner también es muy profesional y un tipo sencillo. Jugó con cabeza y también corazón, pues pegó el driver casi siempre que pudo y no se arrugó en ningún momento, ni siquiera en el hoyo 5, en el que había tenido un percance el sábado. Ya era un jugador importante, pero le faltaba una victoria de esta dimensión.
Se trata de un jugador muy completo, con una laguna sospechosa, sus problemas con el putt corto. Son detalles que pueden convertirse en graves si no se solucionan. Quizá fue el único aspecto en el que le vimos dudar algo.
Todos los jugadores que usan mucho las manos en el swing, luego son jugadores de toque y completos. El triunfo de una persona sencilla y tranquila, por lo que me comentan de Dufner, como se le ve en el campo, también resulta positivo para el deporte en general, por el ejemplo que pueda suponer.