Eso de que el disgusto de un amor fallido se suple con otro, es una afirmación más que dudosa. No sucede lo mismo en el fútbol en donde sí es verdad que el abatimiento invade al seguidor tras comprobar que su equipo llegó al final de uno de esos partidos presentado bajo la obligación de ganar. Sucede que cuando no se consigue, aquel abatimiento va a menos según transcurren las horas, ni siquiera necesita días ese afligido seguidor para notar una recuperación anímica llevándole a creer que su equipo ganará el próximo partido.
El aficionado vuelve a ser casi el mismo de antes del mal trago, dando por hecho que ganando ese inmediato encuentro su equipo se acercará más a la permanencia. Hablamos de escapar del descenso como ya se percató el lector a poco de empezar a leer este comentario. Un comentario en el que no diremos que «se sumó un punto de oro», tras el empate, porque el valor del punto quedará siempre sujeto a lo que realmente signifique en la hora de la verdad, señalada en su momento por el reloj de la Liga. Un reloj donde las campanadas terminarán sonando con un tañido especial, de alegría o fúnebre, dependiendo del balance final.
Por ahora nada es definitivo pues ninguno de esos equipos que figuran en el grupo del que tres terminarán condenados, no se puede señalar con certeza a ninguno, porque ninguno está descolgado.