Si tengo que definir a Marchena con una sola palabra, esa es sensatez. Ha cursado la carrera de Turismo, es una persona formada y se ha preocupado por su educación personal fuera del fútbol. En este sentido no es el futbolista típico. Está preparado y durante la temporada que pasé con él me llamó la atención por el carácter que aportaba al grupo. Su trayectoria la conocemos todos, le gusta apretar al árbitro, a compañeros y a rivales. Pero en el vestuario siempre estaba en positivo, quería sumar, era de las personas a las que Unai denominaba como su grupo de fuerza: estaban él, Joaquín, Villa y Albelda. No solo les unían la edad, sino las experiencias de cada uno. Tenían en común la mentalidad competitiva y ganadora. Está claro que a nadie le gusta perder, pero luego hay que demostrarlo con actitud diaria. Y ahí estaban los cuatro. Un carácter como el de Marchena aparece en todo momento, no solo ante lo bueno o ante lo malo. Estoy seguro de que a él le daba igual que el Dépor estuviese desahuciado o no. Su forma de ser le obliga a jugar siempre igual. Solo puede comportarse de una forma, como el jugador competitivo que es.