Una visita al museo produce siempre efectos diferentes. Uno de ellos, dícese de aquel de embobar o quedarse alelado. El cuadro pintaba de maravilla, tanto, que al Asefa Estudiantes le permitió seguir en el Prado después de conocer por donde iba a transitar en la Copa. Ni se le vio llegar ni marchar. Falta de asistencia a clase.
Hace varias semanas, unos 60 jugadores, entrenadores y personal adjunto empezó a hacer cábalas. Un tramo donde no aparecían Barcelona, Madrid y Caja Laboral, provocó sudor frío en sus cuerpos. Época de alucinaciones. La misión era posible. El camino hacia una final de Copa poco minado. Seguro que Valencia, Estudiantes, Bilbao y Gran Canaria, en su fuero interno y alguno externo, comenzaron a soñar.
No hay explicación al partido de los madrileños. No es suficiente la baja de English, que la pudieron tener por otras vías que no la estomacal, si hubiese aceptado el papel de Oleson ahora en el Barcelona. Pero así es la vida. Bastó un Faverani inspirado para deshacer el castillo de papel del Estu de ayer. El mejor interior diestro de Europa manejando la mano izquierda, junto a la Cultura del Esfuerzo defensivo del Valencia, dilapidaron un insufrible. Mi hijo Roque emprendió su aterrizaje al mundo de los Skylanders mediado el partido. Se aburría. Era tan bueno el empacho del jueves que la tila posterior hizo efecto somnífero. Granger no fue capaz de eliminar sus orejeras y eso que le puso la única casta del Estudiantes con un Gabriel hipervigilado e inferior físicamente al arsenal de Perasovic. Con ello, el cuadro, acabó trastabillado. Que se lo digan al Gran Canaria. Aburrido de caer en cuartos, empieza a pintar su cuadro... Bilbao, de vuelta a la Casilla.