Australia, siempre una incógnita

Fernando Rey Tapias

DEPORTES

La peculiaridad del primer grande del año es que nadie sabe en qué forma llegan los jugadores

13 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

El Open de Australia (que comienza esta madrugada, a partir de la una, y lo retransmite Eurosport en exclusiva) es un Grand Slam muy diferente a Roland Garros o a Wimbledon. El torneo francés siempre ha sido el templo del tenis en tierra batida. El británico, la catedral de la hierba. Ambos tuvieron siempre un único escenario: París y Londres. Australia no. Durante muchos años su sede rotó entre cuatro ciudades: Adelaida, Sydney, Brisbane, y Melbourne, donde se asentó en el parque de Kooyong en 1972. Siempre sobre superficie de hierba, hasta que en 1988 se decidió romper la tradición y al igual que el US Open, cambiar a superficie sintética en su actual ubicación de Flinders Park. Al igual que su homónimo americano, el Open australiano tiene un público ruidoso y se juega con temperaturas calurosas.

la meteorología

Temperaturas altas y humedad

Sin embargo, lo que hace más singular al torneo aussie, es su fecha en el calendario. Unas fechas que tras el descanso y la pretemporada de los jugadores, hace que no sea fácil el determinar en que estado de forma llegan a disputar el primer grande de la temporada. Si a esto unimos la lejanía y diferencia horaria (para la mayoría de los participantes), y unas condiciones extremas de calor y humedad, (en la edición de 2008 se superaron los 34º C de media), las consecuencias son que los tenistas afrontarán la cita con amenazas tan importantes como las deshidrataciones, los temidos golpes de calor, y un mayor riesgo de lesiones. En otras ediciones, todos estos condicionantes trajeron como consecuencia importantes sorpresas, y que en varias ocasiones alcanzasen las finales jugadores casi desconocidos, como fueron los casos del francés Clement (2001), del germano Schuttler (2003), del chipriota Baghdatis (2006), de Tsonga (2008) o la sorprendente victoria del sueco Johansson en el 2002.

Dominio arrollador

Un monopolio de cuatro

Pero todas esas sorpresas se acabaron en los últimos años, ante la apabullante supremacía de los 4 primeros del ránking que coparon las finales de las 4 últimas ediciones: Nadal ante Federer (2009), Federer ante Murray (2010), Djokovic ante el propio Murray (2011), y de nuevo el serbio frente al español Rafa Nadal en la extraordinaria y recordada final del pasado año.