Australia, siempre una incógnita

La peculiaridad del primer grande del año es que nadie sabe en qué forma llegan los jugadores


El Open de Australia (que comienza esta madrugada, a partir de la una, y lo retransmite Eurosport en exclusiva) es un Grand Slam muy diferente a Roland Garros o a Wimbledon. El torneo francés siempre ha sido el templo del tenis en tierra batida. El británico, la catedral de la hierba. Ambos tuvieron siempre un único escenario: París y Londres. Australia no. Durante muchos años su sede rotó entre cuatro ciudades: Adelaida, Sydney, Brisbane, y Melbourne, donde se asentó en el parque de Kooyong en 1972. Siempre sobre superficie de hierba, hasta que en 1988 se decidió romper la tradición y al igual que el US Open, cambiar a superficie sintética en su actual ubicación de Flinders Park. Al igual que su homónimo americano, el Open australiano tiene un público ruidoso y se juega con temperaturas calurosas.

la meteorología

Temperaturas altas y humedad

Sin embargo, lo que hace más singular al torneo aussie, es su fecha en el calendario. Unas fechas que tras el descanso y la pretemporada de los jugadores, hace que no sea fácil el determinar en que estado de forma llegan a disputar el primer grande de la temporada. Si a esto unimos la lejanía y diferencia horaria (para la mayoría de los participantes), y unas condiciones extremas de calor y humedad, (en la edición de 2008 se superaron los 34º C de media), las consecuencias son que los tenistas afrontarán la cita con amenazas tan importantes como las deshidrataciones, los temidos golpes de calor, y un mayor riesgo de lesiones. En otras ediciones, todos estos condicionantes trajeron como consecuencia importantes sorpresas, y que en varias ocasiones alcanzasen las finales jugadores casi desconocidos, como fueron los casos del francés Clement (2001), del germano Schuttler (2003), del chipriota Baghdatis (2006), de Tsonga (2008) o la sorprendente victoria del sueco Johansson en el 2002.

Dominio arrollador

Un monopolio de cuatro

Pero todas esas sorpresas se acabaron en los últimos años, ante la apabullante supremacía de los 4 primeros del ránking que coparon las finales de las 4 últimas ediciones: Nadal ante Federer (2009), Federer ante Murray (2010), Djokovic ante el propio Murray (2011), y de nuevo el serbio frente al español Rafa Nadal en la extraordinaria y recordada final del pasado año.

La baja de nadal

Una decisión acertada

Precisamente la ausencia del mallorquín es lo más significativo de este año en Australia. Lamentable para el torneo y para todos los aficionados no podrán ver el derroche del mallorquín con la raqueta en la mano, pero creo que una decisión muy acertada para preservar su reaparición en las más confortables pistas de tierra batida cara a su mejor recuperación. Sin el balear, David Ferrer (que sigue a un nivel ante el que hay que descubrirse) tiene un cuadro asequible, para si mantiene su estado de forma, poder alcanzar la semifinal en la parte alta, por la que también se encuentra Nico Almagro. En caso de lograrlo, lo normal sería encontrarse a Djokovic, en cuyo camino hacia la penúltima ronda tiene a Berdych como rival de más entidad.

la parte baja del cuadro

Un duelo Federer-Murray

Por la parte baja, Murray y muy posiblemente Del Potro optan a la ronda de cuartos, mientras que la parte de Federer parece a priori la más complicada, con la presencia de veteranos como Davydenko, de jóvenes con ambición como Raonic o Tomic o los franceses Gasquet y Tsonga, con buenas sensaciones en pasadas ediciones. Una buena prueba para el suizo que aspira a conseguir su quinta victoria en Melbourne para seguir enriqueciendo su formidable palmarés. Para lograrlo tendría que superar a Murray, que ya sabe lo que es ganar un grande y aspira a seguir sumando en un torneo en el que ya llegó en dos ocasiones a la final y cuya victoria aumentaría enormemente su confianza y aspiraciones de asaltar el número uno durante el 2013, y por supuesto al actual líder de la ATP, Novak Djokovic, vencedor en tres ocasiones y, en principio, el jugador a batir.

caras nuevas

La renovación complicada

El primer grande de la temporada, el Open de Australia, es un torneo siempre de difícil pronóstico por lo anteriormente expuesto, pero en el que la supremacía actual de Djokovic, Federer y Murray, (ante la ausencia referida del español Rafa Nadal), les convierte en claros favoritos, con alguna posibilidad para el argentino Del Potro y David Ferrer (quien sigue acumulando títulos en el arranque del año) si mantiene su excepcional forma. Cualquier enfrentamiento entre los cuatro garantiza un gran espectáculo, pero creo que sería buena la aparición de alguna cara nueva que liderase otra generación. ¿Puede ser posible? Ojalá lo fuese, pero, sinceramente, no lo creo.

el análisis de fernando rey tapias

Es el número uno del mundo y terminó el año de una forma inmejorable. Vencedor en tres ocasiones, parte como el rival a batir.

La clase del suizo parece inagotable, pero tiene un cuadro complicado en el que, si progresa, se encontrará con Andy Murray.

El año pasado rompió la maldición que le perseguía en los grandes torneos. Esa experiencia lo convierte en un jugador más temible.

El alicantino continúa a un ritmo de juego prodigioso, con su estado de forma puede aspirar a alcanzar al menos la semifinal.

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