Han pasado casi veinte años desde que se celebró en nuestro país el único gran campeonato en toda la historia de nuestro balonmano. Fue allá por el 1996 y en aquella ocasión fue un Europeo, donde perdimos la final ante una potente Rusia. Nos enfrentamos ahora al reto de organizar nuestro primer Campeonato del Mundo en una coyuntura económica y social nada agraciada para tal menester. Los problemas con las sedes y el patrocinio se resolvieron in extremis. Desde el punto de vista deportivo estamos obligados a luchar por nuestra segunda estrella e intentar robarle protagonismo mediático al todopoderoso fútbol, al menos mientras duré la competición para rentabilizarlo en los años siguientes. Me temo que si eso no se consigue todo el esfuerzo se transformará en un gran pozo para este deporte y se recordará como la gran ocasión perdida.
Estos cuatro años de mandato de Juan de Dios Román, que ya ha anunciado que no volverá a presentarse, y de su seleccionador estaban enfocados a culminarlos con algo grande. La eliminación en Londres fue dolorosa y cruel. Recuerden aquel gol sobre la bocina y con el jugador francés pisando dentro del área. El seleccionador asumió riesgos al llevar a su hijo de jugador reserva cuando lo lógico habría sido llevar a unos jugadores experimentados como Juanín García o Alberto Entrerríos. Nos queda nuestro Mundial para rematar un ciclo en lo más alto del cajón. Nuestra afición nos debe proporcionar ese empujón emocional y temperamental de las grandes ocasiones. La ventaja de jugar en casa está demostrada y ese plus siempre encuentra en el camino las dudas arbitrales. Esperemos que los #Hispanos, como se les conoce, rentabilicen todas las ayudas.
En los Juegos nuestra portería cumplió, defendimos muy bien tanto en 6:0 como en 5:1, contraatacamos como siempre y nos atascamos ante los grandes cuando necesitamos munición desde la primera línea ofensiva. Por la composición de la selección parece que la autocrítica ha cambiado planteamientos. Necesitamos lanzamiento exterior y con Montoro, Antonio García y Alberto Entrerríos está garantizado. La baja del pequeño Entrerríos, que se encontraba en un gran momento de forma, tendrá su respuesta en otro gran demandado por la afición Carlos Ruesga. Su versatilidad y su capacidad goleadora sumarán si dispone de minutos. Lo que es difícil de entender es la ausencia de Juanín García. El prestigioso entrenador Manolo Cadenas la calificaba en otro medio de «inaudita» y el seleccionador respondía diciendo que «? para formar parte del equipo se tiene que saber estar en la pista, en el banquillo y en la grada». Si lo importante es el equipo, debería de estar y más después de la lesión de Ugalde.
En la primera fase de la competición nuestros rivales son de entidad. Egipto, Hungría y, sobre todo, Croacia intentarán arrebatarnos el primer puesto de grupo, lo que garantizaría unos octavos fáciles y unos cuartos asequibles. De momento, vamos a ganar a Argelia para quitarnos la presión inicial.
Juan J. Fernández es profesor de INEF Galicia y vicepresidente de la Asociación de Entrenadores