De vuelta de Madrid, tras el partido ante el Estudiantes, este periodista y un pequeño grupo de aficionados coincidieron en un área de servicio de la autopista con una peña del Fuenlabrada que regresaba de Valladolid. La sonrisa de los aficionados naranjas contrastaba con el gesto de los obradoiristas. Unos festejaban su triunfo en la prórroga, los otros todavía no había digerido la derrota, y no tanto el haber perdido como el extraño último cuarto del equipo. La perspectiva cambió un poco cuando el intercambio de impresiones dejó de centrarse en la jornada para apuntar a la clasificación. El Obradoiro empezó tan bien que incluso alimentó los sueños de la Copa. Matemáticamente todavía podría estar en esa lucha. Pero quizás sea bueno no perder de vista que, lo primero, es fajarse en la liga de los modestos. En Fuenlabrada lo saben.