Tiempo atrás, la palabra embargo causaba una especie de estremecimiento por la gravedad que llevaba consigo, unido a un mal inmediato que se veía llegar. Saber entonces de un embargo judicial a un comerciante de la ciudad, por ejemplo, era motivo que si bien no hacía ?temblar los cimientos? según frase repetida y ahora olvidada quizá porque los temblores se prodigan tanto que perdieron parte de aquella expresión aunque, últimamente, surgen de manera alarmante y siempre por motivos del vil metal en donde el fútbol aparece en primer plano. Antes, era frecuente recurrir a los dirigentes para que estos adelantasen un dinero para que el club pudiese iniciar un desplazamiento o afrontar pagos urgentes. Dinero que, con frecuencia, tardaba en volver si volvía, a manos del directivo.
En tiempos pasados, el de aquellos seguidores deportivistas que peinamos canas o ya se quedaron calvos, no podíamos suponer al Deportivo embargado por Hacienda. No podía ocurrir, porque entonces no se daban motivos económicos para tal cosa. Al aficionado de entonces no le asaltarían las dudas que ayer planteaba Alexandre Centeno en este periódico, donde ofrecía un análisis sobre las dificultades para el futuro del club, tras ese embargo.
En aquellos tiempos, cuando surgían motivos complicados pero infinitamente alejados de todo lo que ahora sucede, seguro que la directiva del club coruñés se hubiese adelantado a convocar una rueda de prensa para explicar las causas y situación del Real Club Deportivo. Claro que explicarlo hoy puede resultar tarde, porque el problema viene de mucho tiempo atrás.